sábado, 9 de noviembre de 2019

"Haciendo lo que yo digo, no lo que yo hago" y la gestión del cambio

El cambio es difícil. A todos nos cuesta cambiar. Y este es un momento de cambios. Así que bajo estas tres premisas es sencillo encontrar en nuestro mundo profesional varios ejemplos alrededor que nos muestran lo complejo que resulta adaptarse a unos momentos tan convulsos como este. En momentos así, ser un ejemplo es sin duda un arma muy importante, sin duda muchísimo mayor que el discurso del cambio. Parafraseo a Woody Allen cuando dice eso de "No digas las cosas, hazlas, porque haciéndolas se dicen solas".

La historia que cuento a continuación es un ejemplo real, sencillo y vivido hace algunos años. Quienes trabajaban conmigo en aquella época lo pueden recordar fácilmente, otros me lo habrán escuchado a posteriori y quizás no sea siquiera un ejemplo exclusivo, porque puede haberse dado en todas las empresas como en la que yo trabajo.

La llegada al mercado de trabajo de nuevas generaciones; la ocupación por las nuevas empresas tecnológicas de los primeros puestos de la capitalización bursátil mundial y la aparición de nuevos líderes en las empresas de todo el mundo ha traído hasta cambios en la vestimenta profesional de las personas. Famoso es el armario de Mark Zuckerberg por tener muchas veces el mismo modelo de camiseta y vestir siempre de igual forma (una decisión menos que tomar a primera hora de la mañana). Quienes hayan visto la serie de Billions se darán cuenta de que su protagonista casi siempre viste con camiseta y chaqueta con capucha, lo que yo creo que es una referencia al propio Zuckerberg.

Este modelo ha tenido su impacto en la empresa tradicional, aunque no es que vayamos de uniforme o con vaqueros todos los días; pero si ha implicado la progresiva desaparición de la corbata. Pongámonos pues en los primeros años de esto que llamamos transformación digital. Pongámonos en la situación de incentivar la desaparición de las corbatas en los centros de trabajo. Los mensajes de "no es obligatorio venir con corbata" pasaron a ser una constante que se repetía en varias de las charlas y convenciones donde hablaban los grandes jefes. Recuerdo a uno en especial que no se cansaba de decirlo en nuestro entorno.

En aquellos momentos, intentando reducir la brecha entre la Alta Dirección y los empleados , se estilaban (y se estilan) las reuniones a pie de pradera. En esa zona que queda más clara, sin tanta mesa, sin tanto jaleo, normalmente cerca de los despachos del jefe. Y recuerdo tres reuniones que habrían tenido lugar en un espacio de tiempo no mayor de seis meses. A la primera de ellas, habrían llegado con corbata un 30% de los empleados (contando sólo los hombres en este caso). Lo cual fue resaltado por el jefe como correcto y que había que seguir trabajando en ello. El jefe, sin embargo, sí llevaba corbata.

A la segunda reunión fueron con corbata el 50% de los hombres. Se volvió a recordar el hecho por parte del jefe, que portaba su corbata (por obligación personal recordaba él). En la tercera reunión, el porcentaje de hombres con corbata estaría en el 70% o más y el gran jefe, seguía llevando corbata. Por circunstancias de la vida, yo creo que ya no hubo otra reunión de aquellas, pero seguramente el número de corbatas habría seguido aumentando.

Si queremos dirigir el cambio desde arriba; si queremos incentivarlo, debemos dar ejemplo del mismo. Sustituid ahora la palabra corbata por cualquier software, modo de trabajo, costumbre, horario, medida de flexiworking etc...Ya no estamos hablado de los mensajes contradictorios más allá del "no uso" de la nueva medida promulgada, que los hay; sino simplemente del hecho de no ser un ejemplo en la implantación de la medida. Los resultados sin duda serán más o menos los que reflejo en el caso real de las corbatas.

No es una cuestión de repetir 100 veces al mundo que tienen que cambiar, es predicar con el ejemplo cada día. ¿Y vosotros? ¿Predicáis con el ejemplo? ¿O sois de los que repiten un millón de veces la soflama sin ponerla en práctica? ¿Habéis vivido casos similares a este? Se agradecen vuestras respuesta y comentarios.

Fotografía: 01/365 - Red Tie for New Year's Eve. Roberto Ventre - En flickr.

sábado, 28 de septiembre de 2019

Dos años sin "Trabajando que es gerundio"... ¿y?

Tras un periodo estival de descanso y reflexión me he percatado de que "Trabajando que es gerundio" ya hace más de dos años que no recibe un artículo nuevo. Algunos de vosotros habéis leído alguno de los intentos de retomar la actividad escritora en www.efectivarte.com; lo que tenía que haber sido el crecimiento natural de este blog aunque ni siquiera aquí lo hubiese anunciado. Pero por a o por b, ni en esa nueva web ni en esta plataforma de blogs he conseguido mantener la constancia de unas publicaciones periódicas. Y en aquellos días me dio por pensar... ¿Qué he ganado y qué he perdido dejando el blog "Trabajando que es gerundio"?

Hasta me he creado un pequeño mapa mental para que no se me olvidara ninguno de estos pensamientos. Imagino que muchos de estos puntos serán comunes para todos aquellos que han tenido un blog y que por cualquier motivo lo hayan dejado de lado alguna vez. Vamos a darles un repaso empezando por los puntos negativos para acabar con el único elemento positivo, si realmente puede tener esa consideración (y ya veréis porqué).


He dejado de escribir
Cuando dejé de escribir "Trabajando que es gerundio" ya había comprado el dominio de Efectivarte.com y hasta creo que ya había publicado algo. Aquello era como hacerse mayor. Del blog gratuito a la web de pago. Era como un peldaño más y sin embargo aquello nunca cuajó. Será por la temática hacia la que intentaba evolucionar, será porque me encontré con el síndrome de la página en blanco, será... por lo que fuere. El nuevo no sustituyó al antiguo y éste dejó de recibir actualizaciones. Y rara vez me he vuelto a poner. Algún intentillo suelto en efectivarte si que hay, pero no hubo manera. Lo que cuesta retomar un hábito cuando lo pierdes... Con lo sencillo que resultaba ponerse por las noches a escribir sobre un montón de temas y lo complicado que está resultando acabar estos párrafos. Posiblemente los tres siguientes puntos tengas muchísima influencia en este primero y provoquen un círculo vicioso muy negativo.

He dejado de leer
Cuando uno escribía a menudo necesitaba informarse de temas, contrastar opiniones, ver puntos de vista diferentes... y muchas veces de unas lecturas nacían nuevos artículos directamente o se enquistaban alguna ideas que era necesario rumiar. Leía casi todo lo que caía en mis manos (será mejor decir caía en mis medios, pues la mayoría venía por el lado digital). Eran libros, pero también artículos de otros blogs (el RSS y pocket eran armas de culturización masiva) e incluso papers del trabajo o presentaciones... Encontrabas huecos de tiempo para leer sin dificultades, cuando ahora todo se te hace bola. Pero si es que salían hasta temas para escribir en alguna de las novelas negras que me acompañaban por las noches. Sin tener que escribir, no era tan necesario leer y sin leer no aparecían nuevos temas para escribir.

He dejado de pensar
Si algo tenía leer tanto es que muchas de las idea que leías por allí te invitaban a la reflexión. Pensar sobre temas que además afectaban a tu día a día. Como ser más productivo, como trabajar en equipo, como abrazar el cambio, el mundo de la digitalización, las nuevas generaciones, el futuro del trabajo... Y esto te llevaba a aplicar cambios en tu día a día, a probar cosas, a mejorar en algunas y a fallar en otras y a seguir intentándolo. No era una pura reflexión teórica, sino un elemento que te llevaba inmediatamente a la acción y de la conjunción de ambas, de la reflexión teórica puesta en marcha salían cientos de ideas que acababan llenando las líneas de este blog. 

He dejado de "discutir"
En el buen sentido de la palabra. Quizás sería mejor utilizar el término "debatir" o "argumentar". Con los artículos que publicaba muchos compañeros del trabajo venían a comentar sus experiencias, daban sus puntos de vista y debatíamos ampliamente sobre los temas propuestos. Era como un espacio de comentarios en vivo y en directo. Ya lo señalé alguna vez, que a veces me hablaban más de mi blog que de mi trabajo en mi empresa. Como no, de aquellas réplicas y contraréplicas salían nuevos temas para nuevos artículos. Lo dicho, la coexistencia de todo esto formaba un círculo virtuoso. Leías más para tener temas de los que escribir, pensabas sobre dichos puntos para llegar a escribir aquellos que te rondaba la mente y esos debates refrendaban o modificaban mi pensamiento (y mi acción). Todo sumaba.

He perdido intensidad
Pues ya entenderéis el porqué sin que casi os lo explique. No entran ideas nuevas, no reflexionas y no pruebas. No evolucionas. Y aquello que no se mejora es susceptible de empeorar... y sucede. Me gusta el simil de los cursos de GTD señalanado que cuando la ola te tira hay que volver a subirse a la tabla. De hecho te enseñan el truco de los surfistas... llevan esa cuerda que les une a su tabla para que una vez que se caen, tardar el menor tiempo posible para volver a estar arriba. Pues o yo no la llevaba puesta, o se me soltó o se rompió en el camino... o que se yo. No me he vuelto a subir a esta tabla y lo peor de todo es que he visto como se iba alejando poco a poco y tampoco he ido como loco a intentar recuperarla. Ahora va a tocar nada y mucho y volver a entrenar muchas cosas

He perdido networking
Una de esas cosas que acompañaron al blog sin que uno lo esperara o esperase fue la cantidad de networking que tuve la oportunidad de hacer. Interno en la empresa en la que trabajo. Ya os digo que a veces se me reconocía más por los artículos que por mi trabajo diario. De hecho hoy sigo comiendo y charlando en los comedores del currelo con gente que conocí gracias al blog. Pero no sólo en la empresa, sino también fuera de ella. Gente ligada con el mundo de la productividad, el equipo de Óptima lab, escritores de otros blogs... A veces era flipante el poder que tenía el blog para atraer a gente interesante, con la que hablar, debatir, pensar...

He ganado tiempo
Y esta hemos dicho qe era la parte positiva... en principio. Claro está que si no lees, no reflexiones, no escribes, no tomas cañas con gente interesante... algo estará comenzando a sobrar, ¿no? Por supuesto, empieza a sobrar tiempo que puedes llenar con otras cosas.
Familia, lo cual está muy bien, porque bueno, pasas más tiempo con los tuyos, atiendes sus necesidades, estás con ellos, vives más su día a día... Solo que... cuando mucho del tiempo que dedicabas al blog aparecía después de la cena, con el niño ya en la cama, cuando todo el mundo se iba a poner en marcha la televisión... 
Trabajo. Pues como hubo varios cambios en mi vida profesional en esos dos años, ha habido momentos de mucho trabajo, que perfectamente llena horas y horas a partir de las 21,30 (y antes, lo que vuelve a perjudicar en el apartado de familia). Si, ha habido mucho trabajo con todo lo que ello implica. 
Televisión. Y aquí es donde incluyo todo el tiempo que dedicas a no hacer nada de fundamento. No es tiempo de familia si estás viendo Netflix, aunque sea la misma serie que tu mujer; es tiempo de televisión. Viendo series que algo te aportan y series que podrías haber muerto sin conocerlas y no habrías perdido nada. Viendo vídeos en Facebook o repasando las vacaciones de tus amigos y de cualquiera que pasa por allí en Instagram. Y lamentablemente he de reconocer que este tiempo inútil ha ganado mucho peso en mi vida.

¿Y entonces? ¿Y sin tan claro lo tienes? ¿Por qué no vuelves a escribir?
Pues en ello estamos. Cuando llevabas la inercia escritora todo llevaba al mismo destino y era guay. Pero esa inercia despareció. Y en su lugar se ha establecido una inercia "destructiva" (es una hipérbole algo exagerada esta) que es la que hay que hacer desparecer. Vamos que toca hacer un esfuerzo para frenar estos comportamientos negativos y un esfuerzo mayor para superar esa fuerza de rozamiento que implica poner en marcha nuevos hábitos. No es el primer intento, pero bueno, vamos a intentar que sea el definitivo.

Esta vez no hay objetivos para dentro de un año, esta vez vamos a empezar mucho más facil. Objetivos a tres meses, empezando ya, hoy mismo: 
- leer 6 libros, tres novelas y tres de ficción, con una acción implantada de lectura 30 minutos al día;
- ponerme al día en los artículos de pocket leyendo al menos 5 artículos al día;
- escribir 12 artículos, uno por semana aproximadamente, de aquí a fin de año (este ya cuenta, que además se me está yendo de extenso).

¿Queréis acompañarme en el intento? ¿Habéis sufrido vosotros estos problemas? Seguiremos leyéndonos, que es gerundio.

Ps: A veces las cosas se alinean y de repente te encuentras que, a pesar de llevar tiempo sin escribir, se ponen en contacto contigo porque han visto tu blog y quieren que eches una mano promocionando una herramienta como https://www.venngage.com/ con la que he hecho el pequeño gráfico que acompaña al artículo. Gracias chicos, de momento es muy sencillo utilizarla.

viernes, 30 de junio de 2017

Formándonos en tiempos y entornos revueltos

Formarse es una actitud. Estar abierto a recibir nuevo conocimiento, a refrescar viejas ideas, a conocer como usar nuevas herramientas, aprender a desaprender lo que se ha aprendido hasta la fecha... es una cuestión de actitud. En este mundo VUCA, en este entorno "caórdico" (gracias por la palabreja Eva Arteaga) la formación continua es vital. Dejar de aprender es quedarse atrás. Y para que esto no suceda hay muchas formas de estar continuamente aprendiendo: unas menos formales (leer libros, blogs, escuchar podcasts, ver tutoriales, las conferencias y las charlas TED (o no TED) que dan acceso a ingentes cantidades de materiales de mucha calidad) y otras más formales y regladas (con su profesor, ejercicios, e incluso test y exámenes). 

Sean del tipo que sean, un amplio abanico de estas diferentes tipologías se han concentrado, bendita casualidad, en las últimas semanas en mi vida.Y si a la variedad de formatos, añadimos la amplitud de enseñanzas y temas abarcados, he de reconocer que las últimas semanas han sido muy interesante.

El pasado día 22 de Junio acudí al IEB Digital Banking & Fintech Day, organizado por el IEB y donde se presentó el "Anuario IEB de Banca Digital y Fintech 2017". Un evento la mar de interesante donde muchas personas, de muchas entidades, de diversos niveles de responsabilidad, en el mismo sector en el que uno trabaja, exponen sus avances, estrategias, ideas, desarrollos, etc. Una magnífica oportunidad para poner un termómetro al entorno y entender si estás alineado con el resto de competidores y de comprobar si tu dirección y ritmo son correctos o pueden hacer que te quedes atrás o perdido en un inmenso océano de oportunidades.

El día 23, viernes, se clausuraba el Programa de Transformación Digital en Banca que desde hace varios meses estábamos realizando en las instalaciones de The Valley DBS en Azca, pleno centro financiero de Madrid. Este curso ya seguía el formato más convencional de clases con unos profesores expertos en la materia que han compartido con nosotros su conocimiento en la ya comentada en este blog Transformación Digital y hemos tenido que contestar a varios tests para demostrar que estábamos asimilando los conceptos. Sin duda es necesario que los mandos de las empresas empiecen a saber que es el SEO, el SEM, conozcan las bondades del Marketing Digital, comprendan la riqueza que les puede aportar la analítica, puedan realmente comprender que hay detrás del big data y qué implican las nuevas formas de trabajo. Unos cuantos compañeros hemos pasado por el curso y hemos tenido la suerte de ser de los primeros, porque parece que es una formación que va a considerarse fundamental dentro de la organización (bueno, en plural, organizaciones, porque será fundamental en la nuestra y en el resto).


Esta misma semana, el día 26 superaba el 70% exigido por EdX para dar por superado el Curso de Análisis y Visualización de Datos con Power BI que imparte Microsoft en esta plataforma abierta de conocimiento (MOOC). Este curso... telita. Droga dura. Formación sobre una herramienta que usamos cuatro para hacer visualizaciones de datos y con un conjunto tan grande de posibilidades, que aprender por tu cuenta y riesgo es, cuando menos, complicado. El formato: son vídeos que puedes ver cuando quieras, por lo que es muy importante la autodisciplinaTests al final de cada tema y ejercicios prácticos que te exigen un notable para darlos por superados. Eso sí, aplicable al puesto desde el primer día de curso. Pero es una gran ventaja el poder sumarse a la "certificación del curso" de pago una vez que ya sabes que has superado el curso (vamos, que si no lo acabas, no es obligatorio pagar).

Y hoy mismo hemos terminado un curso de dos días de duración de Marca Personal. Este curso es parte del catálogo de cursos del Banco y al mismo te puedes sumar de forma voluntaria (aunque no es directo unirse y acudir, que yo llevaba tres años deseando este curso). Personalmente, una oportunidad de que alguien con conocimiento y criterio empaquete y devuelva en persona todo ese conocimiento desestructurado que uno recibe de los blogs de Andrés, Guillem, Eva, Yoriento y un larguísimo etc. Una mirada hacia uno mismo que ha resultado muy clarificadora. Además, esos cursos presenciales, en las instalaciones de la empresa, te permiten convivir con un montón de compañeros que trabajan en temas totalmente diferentes al tuyo y que son una fuente de experiencias y conocimiento en otras áreas. El curso enriquece, pero aquí aprovechas hasta los minutos del café.

Resumiendo, que es gerundio, podemos decir que han sido un par de semanas muy enriquecedoras en términos de conocimiento. Con formatos muy diferentes: charlas, curlos presenciales de 70 horas realizadas durante 8 meses; curso concentrados en 48 horas o formación "virtual" en formato de vídeo; y sobre aspectos y ámbitos muy diferenciados bien sean habilidades soft; conocimientos hard de aplicaciones informáticas; pinceladas del sector en el que trabajas o conceptos e ideas del mundo de cambio en el que nos ha tocado vivir, tengo la sensación de que hoy sé más (y por lo tanto valgo más) que hace quince días. Y ese es un motivo más, para continuar formándose. ¿No lo crees?

Ps: 45 días después vuelvo a estar escribiendo. Y es que cuando las obras entran por la puerta, las prioridades saltan por la ventana. En breve una pequeña mudanza y aporreando teclas un poquito más cerca de las montañas. Nos leemos.


martes, 16 de mayo de 2017

Comentando sobre los becarios y sus pagas

Sin duda, el tema de los becarios siguió dando que hablar hace un par de semanas. No por el artículo previo de este blog, cuyo alcance no no es similar al de algunos grandes medios digitales. Sino por las noticias que continuaron apareciendo sobre el tema en más artículos de los ya mencionados. Así nos comentaron la existencia de un "piso patera" donde compartían techo y vivencias hasta 22 (si, veintidós) becarios de otro restaurante de fama extensa, con la correspondiente defensa posterior del chef en cuestión acerca de dicha situación y su próxima mejora; vimos las cuentas y los resultados de estos restaurantes, y como algunos de estos podrían pagar más y mejor a sus becarios sin entrar en pérdidas (según los cálculos del medio); pero también tuvimos conocimiento de las empresas que podían pagar a los becarios como Directores, principalmente en el sector tecnológico (y según comentábamos en el trabajo hay que ser un verdadero crack mundial para llegar a dichas becas).

Casualidad o no, el pasado 8 de Mayo se celebraba además en medio de esta "Crisis de los becarios" el "Día del Becario", que en este caso parece no conmemorar nada positivo sino que parece alertar de que algo grave está sucediendo, como en los casos del Día de la lucha contra el Cáncer, el Día de la Tierra e incluso el Día del Cine.

Y en mi caso, también he recibido comentarios "off the record" al artículo de hace ya unos diez días. Por un lado, recibí comentarios de algunos de los becarios que recientemente han compartido experiencias conmigo y que se sentían representados en el mismo. Reconocen que buscan la oportunidad de meter la cabeza, que no buscan el dinero del momento; alguno de ellos reconoce que pierde dinero por trabajar y también los hay que tienen que matricularse a algún curso para poder seguir manteniendo la cabeza dentro de una empresa a la espera de una llamada del Departamento de Recursos Humanos. Además he visto a varios alumnos del Máster en el que yo colaboro y del que fui alumno, compartir el artículo en varias redes sociales; supongo que algo interesante habrán visto en el mismo. 

Y he recibido un correo electrónico de otro alumno y ahora compañero de empresa con un tema que me parece verdaderamente relevante. Existe una sentencia de la Sala 4 del TS sobre la existencia de relación laboral en el caso de un becario que realiza cometidos propios de una categoría profesional. Según la misma y la doctrina del TS, "el rasgo diferencial de la beca como percepción es su finalidad primaria de facilitar el estudio y la formación del becario y no la de apropiarse de los resultados o frutos de su esfuerzo o estudio, obteniendo de ellos una utilidad en beneficio propio. (…) De ahí que la clave para distinguir entre beca y contrato de trabajo sea que la finalidad perseguida en la concesión de becas no estriba en beneficiarse de la actividad del becario…” (las comillas no son mías).

Una vez leído, parece que la relación de estos becarios de los que nos hemos liado a hablar, los de los restaurantes de estrellas Michelín, con sus empresas podría caber dentro de una relación laboral y que los jefes se apropian de los frutos de su esfuerzo. Pero si me remito a mi forma de presentar mi beca en la ventanilla de una entidad financiera hace ya 17 años, pasadas 3 semanas de mi incorporación, ya podía realizar la mayoría de las tareas que realizaban mis compañeros, justo al mismo tiempo que ellos se iban de "vacas". Es decir... parece que en todos lados cuecen habas.

Entiendo entonces a mi amigo Álvaro, que criticaba también la indefinición de una ley generalista, que quiere servir para todos los sectores y que acaba por no servir a ninguno. Y yo sigo acordándome de que también existen leyes que hablan de las horas extraordinarias; de las bajas por maternidad o paternidad o de los derechos de reducción de jornada laboral

Al final, este mundo de los becarios funciona como muchas cosas dentro del mercado laboral: los participantes (todos, empleadores y empleados) se aprovechan tanto de su poder negociador según esté la situación así como de la información asimétrica que tienen para aprovecharla en su favor y al final, en un mundo de generalizar, pagan los justos por los pecadores. Quizás, este momento de transformación digital, pueda hacer variar algo las cosas y temas como la marca personal o  la necesidad de captar talento y por tanto ser verdaderamente un "Best place to work" lleve a mejorar la situación... Quien sabe.

¿Y vosotros? ¿Como lo veis? ¿Os cambia algo la opinión tras conocer la sentencia? ¿Mejora o empeora la visión de los empleadores? ¿Deben los becarios aceptar trabajos no remunerados? ¿O la sentencia se mete en un mundo teórico fuera de la cruda realidad?

Ps: Me tomo la licencia de tomar el cartel de la película de DreamWorks "Bebé jefazo" para ilustrar este artículo, sin entender si un cartel de cine tiene los derechos protegidos, pero entendiendo que también les hago un mínimo de publicidad... 

jueves, 4 de mayo de 2017

Reflexionando sobre el papel de los becarios en la empresa actual

Interesante jaleo que se está montando con el papel de los becarios en los restaurantes de tres estrellas de la Guía Michelín, que sin duda puede ser ampliable a muchos otros sectores y empresas. Para quien no esté al tanto, bueno será situar la conversación. El pasado día 24 de abril El Confidencial me encontraba un artículo titulado "La miseria de ser becario de Adriá, Muñoz o Berasategui: 16 horas a palos y sin cobrar" bastante cañero. En él, muchos ex-becarios de estos restaurantes comentaban sus experiencias en dicho papel y las condiciones de trabajo en las que se desenvolvían. Y presentaban una realidad bastante dura. Y el mismísimo 1 de Mayo, Día del Trabajador, salía la réplica de los jefes: "Los chefs Michelin defienden tener becarios sin cobrar: "Para ellos es un privilegio"" . En este caso, son los chefs los que dan sus argumentos y se defienden de las críticas recibidas tras el primer artículo.  Los "laboralistas" también han dado su punto de vista en otro artículo del mismo diario y hoy mismo día 4 de mayo todavía se vierten nuevas opiniones y comentarios en nuevos artículos sobre los motivos por los que un becario acepta trabajar gratis. No es mi papel señalar quien tiene razón, si es que la tiene alguien, y menos meterme en un sector que desconozco incluso como usuario.Pero los primeros artículos me sirvieron para pensar en este artículo sobre la figura del becario en la empresa actual y los últimos han ido ayudando a completar y ordenar algo más los pensamientos.

Mi experiencia personal.

Hace 17 años yo fui becario. Y aunque ha llovido desde entonces, he intentado no perder nunca ese "espíritu de becario" en mi desarrollo profesional. Posteriormente, nunca he tenido bajo mi responsabilidad a un becario; pero si he tenido a muchos trabajando a mi lado y siempre he intentado que fueran uno más del equipo y compartir con ellos todo lo que yo podía saber (por conocimientos y por viejo). Creo que ni más ni menos, lo mismo  que yo viví (respecto a la relación con mis compañeros) en mi experiencia en una sucursal de una ya extinta Caja de Ahorros. En mis tres meses de beca empecé metiendo la pata el primer día: descuadre de caja por un recibo mal registrado (marqué 44.000 pesetas por un recibo de agua de 4.400); entendí lo que era la relación con el cliente (todavía en una oficina con un cristal de 6 centímetros de grosos entre nosotros); comprendí lo que suponía tener una responsabilidad en el trabajo y unos compañeros; acabé haciendo el mismo trabajo que hacía cualquiera de ellos (excepto entrar en la negociación de préstamos) y cobré una miseria por tres meses de trabajo, aunque como experiencia no tuvo precio. Desde luego, nunca acepté la beca por su retribución. Fue mi intento de entrar en el mercado laboral, cosa que no fue posible, pero sin duda me abrió muchas puertas de cara al futuro próximo que me esperaba.

¿Que está buscando un becario?

Cuando yo entré como becario en la Caja buscaba una primera experiencia profesional; ganar algo de dinero y meter la cabeza en una empresa a ver si de allí surgía una posibilidad de trabajo futura. Y creo que realmente esto no ha cambiado demasiado. Con un Máster recién acabado o acabándolo en dicho momento, las principales aspiraciones de un becario podrían ser:

  • meter la cabeza en el mundo profesional, en una empresa y ver si suena la flauta de conseguir un empleo mejor pagado en dicha empresa;
  • la posibilidad de aplicar parte de lo aprendido en las clases teóricas; 
  • ganar skills que no se podrían aprender en las aulas de una Universidad o Escuela de Negocios (¡¡gracias Clara!!);
  • y rellenar una línea de Currículum a poder ser con una carta de recomendación a la salida de la beca si no se consiguió una plaza como se intentaba en el punto .

El dinero, es sin duda algo residual. De hecho muchos de ellos consideran que están pagando por trabajar. Pero siempre se gana algo (menos es nada) de dinero. Ver el apartado posterior sobre la remuneración

¿Que es lo que busca una empresa en un becario?

La pregunta siguiente sería... ¿y la empresa? ¿Es un becario un recurso barato? ¿Merece la pena formar a alguien simplemente por el coste reducido de este alguien? ¿O es una fuente de talento externa? No será el primer becario que acaba despuntando dentro de la misma empresa. ¿O acaban los becarios haciendo fotocopias, agendando reuniones y preparando cafés? Parece ser que esta última opción está totalmente descartada. Ni siquiera los propios becarios piensan así. Aunque si es cierto que esa visión del recurso altamente cualificado, preparado, capaz de soportar la presión a un costo muy bajo si se mantiene. Teóricamente, la empresa ayuda al becario en su entrada y acomodamiento al mundo profesional, a la vida laboral; y sin embargo a veces es complicado pensar que ese acompañamiento sea el objetivo real de la empresa.

Sobre la remuneración del becario.

Lo bueno que tiene escribir sobre temas de actualidad es que cada medio de comunicación aporta su granito. Hoy en El Mundo se señala que "el 58% de los becarios no percibe ninguna remuneración por su trabajo", por lo que la situación referida en la motivación del artículo respecto a los restautantes de las estrellas Michelín es perfectamente aplicable a otros muchos sectores en cuanto a remuneración y también respecto a las condiciones de estrés (como nos recordaría la muerte del becario de Bank Of América tras trabajar 72 horas seguidas en Londres hace unos años). 

Lo decía un par de párrafos más arriba, el dinero es un elemento residual y mucho más si lo comparas con la posibilidad de acabar contratado por la empresa. De hecho, gran parte de la desesperación de los becarios es ver como van pasando los años, y no consiguen tener un contrato en condiciones, con su cotización a la seguridad social, derecho a vacaciones y todos esos complementos que un trabajador considera normales en un contrato laboral.

¿Y cuantos se quedan finalmente en la empresa?

Pues sin duda alguna esto depende de inmensos factores que van desde el tamaño de la empresa, a su situación económico financiera, las necesidades de personal en ese momento y a las capacidades del becario. Si les preguntamos a los becarios... muchos menos de los que ellos quisieran, aunque es cierto que la de las becas no es sino una de las formas de entrar en la empresa y no tiene por qué ser la principal fuente de capital humano para las sociedades.

Y encima, para rematar, llega la transformación digital.

Existe además un elemento perturbador en la entrada de becarios en la empresa actual. El fenómeno de la transformación digital hace que el cambio generacional entre contratadores y contratados; entre empleados veteranos y becarios sea fuente de nuevos choques y roces.

Cuando yo era becario es cierto que podía tener más destreza en el manejo del ratón que mis compañeros, lo cual me proporcionaba una venta próxima a cero y más en el trabajo de "ventanillero bancachofo". En aquél entonces, más sabía el diablo por viejo que por diablo y se respetaban las canas. Vamos, que la veteranía era un grado y allí ibas, oías, veías y callabas. 

Pero hoy muchos de los becarios pueden tener unos conocimientos aplicables al puesto de trabajo mucho mayores que los de la plantilla actual. Y eso puede generar problemillas con esa típica frase del "esto siempre se ha hecho así". Por no decir el roce que provocarán las motivaciones de las nuevas generaciones, que no entienden el "face time" o eso de quedarse en el puesto de trabajo para que te vean. Si además, quedarse aquí hasta las mil no va a suponer más opciones de entrar en la empresa... ya me vas a decir tu que motivo hay para alargar la jornada laboral hasta el partido de la Champions... Y eso, parte de los trabajadores de toda la vida no lo acaban de asimilar demasiado bien.

Resumiendo que es gerundio.

Que al calor de los artículos sobre los becarios de Jordi Cruz (licencia periodística por como se han sucedido los acontecimientos, porque los artículos referidos hablaban de una práctica del sector en su conjunto) resulta que en todos los sectores cuecen habas, pero que los propios afectados lo entienden como un mal necesario (lo cual, por supuesto, tampoco es obligatoriamente bueno). Ni que decir tiene que debe ser complicado para un becario de cualquier otro sector estar tan cerca del mandamás del negocio ni que le vaya a sacar tanto rédito a poner el nombre del jefe en el CV ni de cara a su siguiente beca ni de cara a su primer restaurante propio. 

Sin duda, el papel del becario es complicado en la situación actual del mercado laboral y del empleo en general. Y que únicamente espero que estos puntos permitan reflexionar algo más sobre el asunto.

¿Y vosotros? ¿Sois becarios? ¿Qué os mueve? ¿Pasasteis por la etapa del becario? ¿Cuales eran vuestros objetivos en aquel momento? ¿Tenéis becarios a vuestro cargo? ¿Qué esperáis de ellos? ¿Qué esperan ellos de vosotros? Espero vuestros comentarios.

Ps: Con especial cariño para Miguel y Clara que pasaron por esta posición y que siguen luchando cada día en busca de oportunidades.
foto en Flickr: Jun Seita Open Kitchen in Action, New York Grill, Park Hyatt Tokyo

jueves, 27 de abril de 2017

Reflexionando sobre el derecho a la desconexión digital

En el mes de marzo saltó a las primeras páginas de los periódicos (quizás sería mejor decir a la parte superior de la web) el estudio que el ministerio de trabajo está haciendo sobre el derecho a la “desconexión digital” de los trabajadores. Este término hace referencia al derecho de los trabajadores a desconectar de su trabajo y a no recibir mensajes ni correos electrónicos una vez concluida su jornada laboral. Un derecho que ya está regulado en Francia y que implica la negociación entre empresas y empleados de las condiciones para no tener que atender llamadas, emails o mensajes relacionados con el trabajo fuera del horario laboral. Un tema sin duda interesante, pero que también es complicado de legislar y más en el mundo el que vivimos hoy en día. Realmente... ¿podemos separar vida personal y laboral? ¿Qué implicaciones tiene esta medida según como se aplique? ¿No es un intento de poner puertas al campo; o de legislar algo que puede estar ultrapasado en breve (si no lo está ya)? Lo que vienen a continuación no son sino unas reflexiones personales que ni siquiera he conseguido ordenar del todo bien, puesto que se cruzan en este tema varios conceptos muy diferentes.

¿Cuál es el objetivo que se persigue?

El objetivo de esta iniciativa es facilitar la conciliación de la vida personal (que no familiar… uno puede no tener familia y querer tener una vida propia) con la vida laboral. Sin duda un objetivo loable. Para ello lo que se está tratando de analizar es la posibilidad de establecer una hora de salida “potable” (la mayoría de los artículos hablan de las 18 horas) y la posibilidad de impedir contestar correos electrónicos y llamadas fuera del horario laboral. Una iniciativa muy buena pero… con mucha complejidad para ser puesta en marcha. De hecho... la jornada laboral ya está regulada, existen las horas extras y sin embargo todos sabemos que ese tema pese a estar regulado no se cumple. Dicho esto, el debate puede ser muy interesante de cara a educar a tanto a empleados como a empleadores; jefes y "curritos"; becarios y contratados. 

Mi primera duda y una pequeña historia personal.

Para mi, este es un tema realmente interesante. Un blog que habla de productividad y trabajo tiene que tratar este tema. Y como trabajador también me afecta y por eso, pensando en el tema, se me ocurrió hacer la siguiente reflexión: Si yo reclamo el derecho a que mi vida profesional no interfiera en la personal… ¿me podrán exigir lo contrario? ¿Tendrás los jefes el derecho a que mi vida personal no se cuele en mis momentos de trabajo? Y justo con estos pensamientos me tocó vivir el siguiente episodio.

Hace algo más de un mes estuve dando una charla en Santander, en un Máster. Y antes de la misma tenía una comida de trabajo con la Directora del mismo para hablar de temas relativos al programa del mismo. Habíamos quedado a las 13,30 y no habíamos pedido la comanda cuando sonó mi móvil. Eran del colegio de mi hijo, que había sufrido un pequeño accidente y que necesitaban que uno de nosotros se acercara a buscarlo. A 500 kilómetros de distancia no me quedó sino intentar localizar a mi mujer, pero ya se sabe cómo son estas cosas. Hasta que conseguí hablar con ella habrían sido unas diez llamadas, varias conversaciones con el colegio, mensajes, whatsapps y hasta un correo electrónico autorizando la salida del colegio con una tutora responsable. Sin duda alguna, el objetivo de la comida no se cumplió y mi vida profesional fue totalmente invadida por temas personales. Como mi interlocutora ya se había visto alguna vez en estos temas, quedamos en continuar el tema de forma electrónica y así ha sido. 

Pero claro… si yo pido que el trabajo no interrumpa mi vida personal, ¿no podrían pedirme lo contrario? Está claro que ante un hecho así, todo el mundo está dispuesto a dejarte tratar el tema y que la salud del chaval era lo primero. Pero… ¿y la conversación telefónica con tu pareja? ¿La gestión de las multas? ¿Cualquier otro tema personal que tratas en horario de trabajo? Muchos reconoceremos que estos temas ocupan parte de nuestro tiempo laboral todos los algunos días. Algunas veces es un accidente, pero otras muchas lo hacemos queriendo. Nuestra vida personal está dentro de nuestro día a día laboral y aunque me pidan que no interfiera… la verdad es que va a ser complicado que sea de otro modo.

¿Cómo se pondría en marcha?

Otro de los aspectos sobre los que he intentado reflexionar es la forma en que dicho derecho se podría “activar”. He estado leyendo sobre el tema y me he encontrado algunas propuestas diferentes, no sin inconvenientes cada una de ellas. De hecho, me da por pensar que hay dos opciones principales:
  • El derecho a no recibir comunicaciones del trabajo fuera del horario laboral.
  • El derecho a no responder a comunicaciones laborales fuera de dicho horario.

La primera opción, el Derecho a no recibir comunicaciones, se ha puesto en marcha en algunas empresas como Volkswagen. Para aplicar dicha medida se “apagan” los servidores de 18,15 a 07:00 y de este modo los correos no llegan a los empleados a partir de la hora pactada. “Muerto el perro, matada la rabia” dice el refrán. Pero… ¿y si alguien quiere renunciar a dicho Derecho? O lo que es lo mismo. ¿Y si alguien quiere poder conectarse fuera del horario laboral? O aún mejor… ¿qué sucede con las multinacionales que trabajan con clientes y filiales o asociadas en Asia o América? ¿Cómo se gestionan los e-mails de los clientes?  Además puedes apagar el servidor, pero siempre podrán llamarte por teléfono o ponerte un whatsapp. ¿No estaríamos transformando el “Derecho a la desconexión” en la “Obligación a la desconexión”? Realmente me surgen muchos problemas que son difíciles de gestionar y que me pregunto cómo se manejarán allí donde las medidas ya se han puesto en marcha.

La segunda opción, es el “Derecho a no responder” y que de hecho, puede considerarse tácito en la actualidad, puesto que ya existe un convenio laboral donde se marcan las horas de trabajo, aunque como no, con un pequeño problema. Posiblemente si no respondes nunca, tu carrera profesional estará condenada y más si las personas que te rodean si contestan a esas comunicaciones “fuera de horas”. Por decirlo de alguna manera… ante un mail, un whatsapp o cualquier otra forma de comunicación asíncrona, siempre se puede decir “No lo he recibido” o “No lo he visto”. Si se escribe una ley sobre este tema, que haga explícito el “Derecho a no responder” posiblemente nos estemos encontrando con una ley que no pase de un mero catálogo de buenas prácticas deseadas (como el de las horas extras).

Otra pequeña historia personal y una reflexión.

Hace unos días, por la noche, tenía que atacar un tema del curro bastante importante. No me importa reconocer que yo trabajo a deshoras. Primero porque en el trabajo tengo flexibilidad en el horario de entrada y de salida; porque cuando lo necesito puedo salir del trabajo y porque me gusta compartir flexibilidad con mi empresa ("Quid pro quo" le decía Hanibal Lecter a Clarice Starling en "El silencio de los corderos"). Además, me gusta el trabajo que hago con mis excel, mis gráficos y la visualización de datos. Y que cuando toca darle caña a algo porque el tiempo se echa encima, pues se le echa. Pero es cierto que el tema era arduo y me encontraba poco inspirado. Así que decidí cambiar de tarea a una mucho más laxa, y a las diez y media de la noche mandé cuatro o cinco correos con cosas para nada urgentes y que no tenían que responderse en ese momento. Aquel trabajo me permitió que a primera hora del día siguiente pudiera centrarme desde el principio en esa “actividad tocho”, recién descansado, con mejor humor y buena actitud. Por supuesto que las tareas que yo envié la noche anterior a varios destinatarios se realizaron a lo largo del día, sin prisa alguna, tal y como estaba previsto y además yo pude ser mucho más productivo la mañana siguiente.

Lo que si tengo bien claro, es que ni a las 21 horas; ni un domingo por la tarde (por ejemplo) es recomendable pedir nada a nadie "para ya". Ni están obligados a llevar el móvil encima, ni a leer los correos, ni mucho menos están obligados a tener un PC a su lado para responderme a mí. Supongo que no les hace mucha gracia, como no me la hace que me lo pidan a mí, (aunque haya sucedido en el pasado lejano más de una y dos veces).

Más reflexiones: el trabajo ha cambiado.

En los pensamientos sobre este tema me ha dado por pensar que estamos intentando que las cosas no cambien demasiado; como si nos diera miedo los cambios tan bruscos en el trabajo y por si acaso... Pero es que las formas de trabajo han cambiado; los espacios de trabajo están cambiando y esto se debe a que la propia naturaleza del trabajo ha cambiado. Antes los trabajos se podían realizar en el puesto de trabajo únicamente. Bien fuera por falta de tecnología, o por el tipo de trabajo, muchas tareas no podían salir de la oficina. Pero conforme el trabajo del conocimiento se amplia y las nuevas tecnologías avanzan, cada vez estamos menos atados a nuestro puesto físico en la oficina. De hecho, gracias a todos estos avances hemos conseguido la flexibilidad en los horarios de entrada (en mi empresa el horario de entrada legal va desde las 08:00 hasta las 10:00 de la mañana) y en los horarios de salida. Y hemos conseguido el teletrabajo, por el cual muchas personas pueden trabajar desde sus casas y gestionar sus horarios (¿deberían volver estas personas a la rigidez del horario de 09:00 a 18:00 con una hora para comer?). Y aunque me apagues los servidores y no me lleguen los correos, ¿estamos seguros de que la desconexión sería factible? ¿Van a evitar estas nuevas leyes que yo me lleve el portátil a casa y me ponga a trabajar en el Excel o el powerpoint que se quedaron a medias antes de que pitara la sirena de salida del trabajo? 

Realmente lo que se debería conseguir es que las “horas extra no pagadas”, esta "disponibilidad inmediata" no se valorasen de cara a posibles ascensos ni promociones. Pero sin duda que esto es algo así como "pedirle peras al olmo" y si no que se lo digan a las mujeres, su carrera profesional y sus salarios a igualdad de puestos de trabajo. La legislación marca una cosa que la tozuda realidad nos enseña como no alcanzada.

Concluyendo (de acabar, que no de concluir): Cuestión de responsabilidad.

Al final, sucede que, como en muchos otros temas, el trabajo “fuera del horario” es una cuestión de responsabilidad, de jefes y de empleados. Sin duda, y sucede con todas las herramientas, tenemos hábitos muy malos, improductivos y negativos tanto para el empleado como para el empleador. Y estamos intentando crear una ley que soluciones estas malas prácticas, algo que sin duda no va a ser posible. Creo que la relación laboral del trabajador con su empresa debe ser la que se acuerde entre los empleados y su jefe directo de forma libre y clara. Yo meto horas fuera de los horarios porque cada vez que necesito tiempo dentro de mi horario laboral me lo dan. Y por ejemplo durante la Semana Santa todos los días eché un vistazo al correo electrónico, aunque sólo fue para eliminar mensajes superfluos y spam (nadie me lo pide, pero es más productivo para mí). 

Sin duda es un tema complejo, que se mezcla con otras muchas ideas que provienen de este proceso de evolución digital que afecta al trabajo: presentismo, teletrabajo, calentamiento de silla, gestión por objetivos, productividad, políticas de atracción de talento, "best place to work", millenials, y mil cosillas que se cruzan mientras he pensado en estas líneas y que siguen rondando por ahí. Seguiremos pensando en el tema y tratando de darle orden (que no me está siendo para nada sencillo)

¿Y vosotros? ¿Como lo véis?

Foto en Flickr: Alexandre Ataide - Mobile Splash

lunes, 27 de marzo de 2017

De la pasión por el trabajo: ventajas y algún inconveniente

Ayer tuve la suerte de encontrarme a un tío verdaderamente apasionado con su trabajo. Siente tanto todo aquello que hace, que lo transmite a todos los que le ven como cuenta su día a día. Fue sin duda alguna una grandísima inspiración y a su vez una gran fuente de aprendizajes varios. Porque así como lo ves disfrutar haciendo lo que hace; el mismo reconoce que tanto desvivirse por su trabajo le provoca no saber aprovechar el tiempo libre (o mejor dicho, los tiempos muertos que se toma) y además conlleva ciertos “errores” de gestión que eran bastante apreciables por todos los espectadores. Porque me estoy refiriendo a un programa de la televisión, y aunque eso conlleve cierto edulcorado de las imágenes, creo que la esencia de lo que estábamos viendo se mantenía bastante bien. Si como yo estabas delante de la tele el domingo por la noche puede que ya hayas caído y sepas perfectamente el programa y el personaje del que estoy hablando. El programa es “El Xef” y el sujeto que nos ocupa Dabiz Muñoz.

La fuerza que imprime la pasión por tu trabajo.

Para mi resulta brutal la fuerza que transmite el protagonista. Se nota que vive cada una de las cosas que hace y que en todo momento vive por y para su pasión. Reconoce las pocas horas que duerme, reconoce que es incapaz de desconectar y sin embargo no le oyes quejarse ni una sola vez. Decía Confucio “Busca un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida”. Y este es el mejor ejemplo. Está pensando en el menú que va a preparar para el restaurante de Londres, pero también se encarga de toda la decoración del mismo y cuando por circunstancias diversas ha conseguido tener cuatro días libres, va el tío y los aprovecha para pillar un avión, cruzarse medio planeta y seguir buscando nuevos sabores y nuevas formas de cocinar, para luego poder añadirlos en los menús de sus restaurantes. 

Y seguramente ahora me diréis que este, el de chef de restaurante de estrellas michelín, es un trabajo en el que se puede “tener” esa pasión, pero que vuestro curro con el “excel y el powerpoint” no da para estos comportamientos. Pero estás equivocado como lo podía estar hasta ayer el cocinero del bar de debajo de casa, el del menú del día, o el que está tan quemado de hacer croquetas y pinchos de tortilla. Y tan equivocado estaba como lo puedes estar tú. Sin duda que existen apasionados del Excel y del powerpoint; existen los consultores apasionados; los formadores apasionados; y los de cualquier profesión que te puedas imaginar apasionados…

Ya he dicho antes que los montajes de la tele pueden suavizar ciertas cosas, pero es que Dabiz no parece que se levante de la cama el lunes maldiciendo por no poder dormir un rato más y tener que ir a su restaurante a trabajar. No está todo el día de mal humor buscando en el calendario las próximas vacaciones, ni va pensando en el próximo puente. Todo lo contrario. En su cabeza parece que siempre está metida su pasión... aunque esto no siempre sea del todo bueno.

Pero a veces la pasión…

Reconociendo la increíble fuerza que transmite el Chef, hay ciertos aspectos en los que podría actuar de otra forma (y no voy a decir "mejorar" porque no se si sus resultados se darían haciéndolo de otra forma). Ya sea por una pasión desmedida, por esa excepcional búsqueda de la perfección (léase: la perfección es enemiga de lo bueno) o por falta de confianza en sus segundos (que tampoco me parece) se muestra una absoluta ausencia de delegación

En el episodio de ayer, y a pesar de la demora en la apertura del restaurante de Londres, parece que el Chef elige personalmente, aun contando con asesores y expertos, desde el color de las paredes, los materiales y la luz; hasta la ropa de los cocineros y camareros. Siendo cosas que posiblemente para otro pudieran ser secundarias, ya que el menú debería ser el centro de la experiencia que vende Dabiz, éste no las deja ni al libre albedrío ni en manos de nadie que no sea él. 

Cierto que nunca reclama, aunque es el mismo quien apunta varias veces que un día “va a petar” y que "no va a poder con todo" así que llegará un momento en el que habrá decisiones que no puedan ser tan personales… ¿pero cuando?

Rectificar es de sabios.

Hubo una tercera cosa que me llamó la atención, ya fuera de ese tema de la pasión. Supo rectificar y reconocer "de aquel modo" que lo que le estaban proponiendo era mejor que lo que el había pensado y tenía en mente. En una escena, con el corte de un trozo de tuétano que va a acompañar unas cocochas con migas de tempura. El espera un corte transversal y se lo encuentra longitudinal y su primera reacción es la de gritar (que tampoco es un grito) que no es así y que hay que modificar ese corte. Y en menos de dos minutos ya ha cambiado de opinión y monta el plato con el corte que le dan y reconoce que la presentación mejora de ese modo y que hace de la degustación del plato algo más sencillo. Y aunque no se flagela delante de la cámara y no pide perdón de forma ostentosa, es cierto que todos se dan cuenta de que está reconociendo una versión mejor que la que el tenía en mente.

Resumiendo que es gerundio.

Yo no entro en el personaje televisivo, que ya he leído muchos comentarios esta mañana; ni en su papel como chef, ni como jefe... simplemente, ayer, y reconociendo que no vi más de veinte minutos de programa, simplemente digo que ayer me encontré con alguien que sabe mostrar por su trabajo una pasión que ya quisiera para mí o para quienes me rodean. Cierto que debería saber controlar dicha pasión y encontrarle "sabor a la vida" en otros momentos fuera del trabajo y que posiblemente no sea un ejemplo para muchas otras cosas. Pero yo hoy esta mañana, cuando me chupaba parte de mi atasco diario, andaba recordando las ganas que le vi al chef en su trabajo y pensé que debería ser capaz de disfrutar tanto como él... ¿Si lo conseguí?... Esa ya es otra historia.

¿Y vosotros? ¿Tenéis esa pasión por lo que hacéis? ¿La habéis tenido en algún momento de la vida? ¿Lo echáis de menos?

Nos leemos.