domingo, 17 de enero de 2021

Diciendo al rey que va en pelotas (y es un artículo de gestión)

Hay un cuento, "El traje nuevo del emperador", que tiene muchos años, escrito por Hans Christian Andersen y que tiene muchas versiones y diversos orígenes en muchas culturas según he visto en la wikipedia, que me ha venido a la mente por temas relacionados con el trabajo. En él, unos pícaros le engañan al rey vendiéndole una tela muy especial, tan especial que sólo los estúpidos no podían verla. Y el rey salió a la calle "vestido" con su nuevo traje a dar un desfile por las calles delante de todo su pueblo. Y aunque todo el mundo veía al rey en pelotas, nadie decía nada, pues nadie quería quedar ni como un estúpido, ni mucho menos descubrirle al rey que le habían tomado el pelo. Hasta que llegó un niño, y con toda su inocencia dijo... "¡¡¡Pero si está desnudo!!!". Y allí se descubre todo el pastel.

En mi carrera profesional, me he preguntado muchas veces si somos capaces de decirle a nuestro rey (Jefe de equipo, de departamento, de área, de división, de empresa...) que a veces va en pelotas; o si estamos dispuestos a que nos lo digan (dependiendo del cargo de cada uno). Es decir, si somos capaces de comunicar o recibir las malas noticias, de señalar que las cosas van mal, que los indicadores no salen bien, que los proyectos no avanzan al ritmo al que tendrían que avanzar... Y anexada a esta reflexión se pega otra, acerca de si la cultura de las empresas a decirlo. ¿Cómo se aceptan las malas noticias? ¿Se está abierto a reconocer los problemas, los retrasos, las situaciones contrarias?

Hay organizaciones (desde un grupo de trabajo unipersonal a las grandes corporaciones), donde los KPIs, donde los indicadores de resultados, el grado de avance de los proyectos, donde todo siempre va fenomenal. Organizaciones donde todo es maravilloso. Y cuando te encuentras en una situación así a mi me nacen dos preguntas: ¿será verdad? ¿o estarán mal puesto los objetivos? Imaginémoslo en nuestros objetivos de primeros de año, en nuestras buenas intenciones para cambiar nuestras vidas con motivo de haber cubierto una vuelta más alrededor del sol. Si nos hemos puesto objetivos como leer más, hacer más ejercicio, comer más saludable, perder X kilos, estar más tiempo con la familia, aprender algo nuevo y los hemos cuantificado... ¿estás en todos "en verde"? ¿De verdad estás cumpliendo todo lo que dijiste? Y si es verdad que estás progresando en todos correctamente, ¿seguro que eran unos objetivos desafiantes? A lo mejor me equivoco, pero pocos lectores habrá que ya después de 17 días del año puedan decir que van totalmente alineados con sus objetivos del día 1. Factores externos como la nevada han provocado que no puedas salir a hacer ejercicio, y si has sustituido el ejercicio por la pala para quitar nievo igual no has tenido tiempo para leer, o seguro que te has ganado una cervecita por limpiar toda la puerta del garaje. Venga, va, el de pasar más tiempo con la familia lo has cumplido, entre que no podías salir por la nieve y algunas comunidades no han empezado el colegio todavía...

Pero a veces hay otro problema, y es que la organización (empezando por uno mismo), la jerarquía, no acepta las malas noticias. Es una cultura establecida y no sólo en las empresas, sino también en las personas y aunque hoy se le está dando la vuelta, sigue vigente en muchos países. Simple y llanamente preguntémonos: ¿Cómo entendemos el fracaso de un proyecto? ¿Cuál es nuestra reacción ante alguien que intenta poner en marcha un negocio y no llega a buen final? ¿Qué es lo que siempre nos han enseñado, desde la escuela, acerca de no llegar a alcanzar los objetivos? "MAL". No es culpa nuestra, "es que nos han dibujado así" (como le decía Jessica a Roger Rabbit en la película - esto es para cuarentones y cincuentones). Por suerte, esto de las metodologías agile ya nos están trayendo otras formas de ver las cosas y el error se ve de otra manera: "Equivócate, pero hazlo rápido". El error pasa a verse como algo inseparable del intento y que antes o después va a suceder. Y eso es bueno.

Como todos sabemos, 2020 ha sido, para la inmensa mayoría de las personas y las organizaciones, un año de mierda. De malas noticias. De incumplimientos. De errores. De cierres. De fracasos. Sin duda muy duro para muchos. Pero una oportunidad para entender que las malas noticias existen, y que están ahí, pegadas a nuestros objetivos, a nuestros proyectos, a veces por factores endógenos a veces por causas exógenas. Pero están, y no deberíamos olvidarnos de que están.

Considerando que lo correcto sería un cambio de cultura generalizado en torno al incumplimiento, al error, no digo ya vanagloriar el error, pero bastaría con no estigmatizarlo; cuando menos sería positivo tener a alguien de confianza que, caso de que se produzcan, diera esas malas noticias. Un niño que nos abra los ojos y que nos impida salir en pelotas a la calle; alguien que sepa decirlo y que sepa comunicar esas malas noticias. Alguien que no tenga miedo a llenar de rojo (cultura occidental) una presentación con las cosas que no están cumpliéndose. Alguien que sepa cambiar la cultura del error desde dentro. Aprovechemos que 2020 nos ha traído tanta desgracia para cambiar ese comportamiento ante los errores, los fallos, los incumplimientos...

¿Y vosotros? ¿Cómo comunicáis las malas noticias? ¿Estáis abiertos a las malas noticias? ¿Cual es la cultura que vivís en torno al no cumplimiento de los objetivos? Nos leemos. Y mirad antes de nada si estáis desnudos aunque nadie os lo esté diciendo...

Ilustración: Milan Rubio #INKTOBER 2015 30. The Emperor's New Clothes :: El Traje Nuevo del Emperador. Calligraphic pen on paper. From flickr.com

domingo, 3 de enero de 2021

Comiendo sapos no llega el flow (y es un artículo de productividad)

Extrañas estas vacaciones navideñas, imagino que como para todos los lectores. Que necesitaba un descanso no lo pongo en duda; que según llegaban las fiestas me daba cuenta de que sería un "descanso activo" o unas "trabacaciones", tampoco. 

El descanso era necesario. Ha sido un año duro por cantidad de trabajo (en mi caso, por suerte, mucho) como por las condiciones en que se ha desarrollado, en un año hemos pasado del modelo 100% presencial a un modelo de pandemia (que no de telebtrabajo) de 100% remoto con todos metidos en casa y hemos acabado en un modelo mixto entre presencial y teletrabajo, sin hijos en casa pero donde a veces coincido con mi mujer  trabajando en casa y a veces no. Y dicho esto, me considero un ser muy afortunado porque sigo teniendo trabajo y mantengo unas buenas condiciones

Pero claro, otros años o recibía familia en casa o realizábamos una "monster tour" por Sevilla - Madrid - Salamanca - Pamplona que este año, pandemia de por medio y restricciones político-médicas mediante no iba a tener lugar. Y uno se pone a pensar y tanto día uno ya se imaginaba que lo acabaría rellenando con temas laborales y aficiones de por medio. Estaba claro que revisar el correo, actualizar algunos temas, revisar todos los puntos pendientes, echar un ojo a la lista "a la espera"... todo eso iba a pasar.

En mi caso, hay un documento que tenía atragantado y que tenía que sacar adelante porque se estaba haciendo bola ya con él (bueno, dejémoslo en presente, que sigue sin desatascarse del todo). Y prometo que ha sido lo primero que he tocado cada mañana hasta que un estúpido catarro (que claro, ahora estornudas dos veces y lo primero que haces es asustarte) me ha detenido por completo en los dos objetivos navideños (porque trabajar con ese moqueo continuo es imposible, pero descansar tampoco es factible). Yo también me leí la teoría de que los sapos mejor a primera hora (será porque saben tan mal como el medicamento de la tos) y actué tal y como decía un jefe mío: "el chancho se come de a pocos". Y es cierto que he conseguido avanzar y que cuando lleguemos de vuelta de las vacaciones posiblemente esté finiquitado, pero me he dado cuenta de una cosa... "comiendo sapos no llega el flow".

Del "flow", el concepto de Mihály Csíkszentmihályi (copiado y pegado de la web porque escribirlo sin faltas cuesta un rato) ya hemos hablado en este blog alguna vez y además por estás fechas. Resumiéndolo, podríamos decir que uno es más feliz cuando está en un estado de "fluir", ya que consigue un estado de concentración absoluta en la actividad que está realizando. Es sin duda un estado óptimo de motivación, te zambulles tanto en lo que estás haciendo y además lo gozas de tal manera que incluso las sensaciones temporales se ignoran. Es decir, no sabes ni las horas que le has dedicado y cuando te das cuenta se te ha pasado hasta la hora de comer. Seguro que alguna vez lo habéis sentido, bien sea en el trabajo, leyendo esa novela que tanto os emocionó o en alguna de vuestras aficiones. Parafraseando a Uma Thurman en Pulp Fiction "es la hostia" (con perdón, y pido aún más perdon si recordáis la escena en que lo dice, quizás no sea el mejor ejemplo).

Pues eso es de lo que me he dado cuenta, de que mientras estás tragándote el sapo, el flow está por algún otro lado, ayudando a otras personas, dormitando allí donde descanse el flow... Con este documento en la pantalla del ordenador he mirado el reloj n-mil veces, me ha levantado a comer, he ojeado las redes sociales... Si hasta he sentido más ganas de limpiar los baños que de seguir con lo que estaba... Sólo puedo pensar que un día lo acabaré, y entonces volveré a tener la posibilidad de enfrentarme a algo donde ese "fluir" pueda volver a mí.

Lo más curioso es que está reflexión llegó a mi viendo la película de estas navidades, "Soul", (sí, sí, la de dibujos animados) cuando habla de la chispa, la motivación, el sentido de la vida... Si podéis verla, cierto que está en una plataforma de pago, os la recomiendo. Y si tenéis niños también, Pablo tiene 11 años y creo que fue capaz de sacarle más sentido que yo a muchas de sus grandes ideas. De hecho, yo creo que en breve la volveremos a ver.

Bueno, os dejo. Se me han pasado casi dos horas escribiendo estas pocas líneas, pero ni me he dado cuenta... sin duda mi flow sigue estando aquí a mi lado aprovechando mientras el sapo está en la nevera. Mañana tocará darle otro mordisco al bicho...

Foto: "Rana de Vacaciones" de Eduardo Francisco Vazque Murillo desde Flickr.

domingo, 5 de julio de 2020

Quien descansar deja, honra merece

Continuamos con la serie Pandemia Productiva o Productividad Pandémica que nos está llevando a observar una nueva serie de hábitos productivos puestos en marcha durante la pandemia y el confinamiento (que por cierto, ya pronto se acaba y vuelvo al trabajo presencial). El tema detrás del hábito de hoy ya estaba comentado en el artículo de este mismo blog sobre el derecho a la desconexión digital, si bien el hábito como tal no está descrito en el mismo. De hecho, y como ya he señalado, es una nueva práctica implantada a mitad de este encierro laboral.

Es sencillo. Yo sigo trabajando los fines de semana, no por obligación, sino como forma de adelantar cosas de la semana: hago mi revisión semanal de GTD, vacío la bandeja de entrada, si tengo que montar una presentación importante dedico momentos a pensar... Y muchas veces, de este trabajo, surgen muchos e-mails que escribo viernes por la tarde, sábados y domingos.

Y he de reconocerlo, soy culpable. Hasta hace muy poquito yo enviaba estos correos tal y como los escribía, sin más dilación. Y aquello provocaba un constante ir y venir de e-mails porque todo el mundo intentaba dar respuesta lo antes posible y de un e-mail que no tenía que haber salido, pasábamos a varias respuestas y cadenas de mensajes. Grave error.

No me acuerdo ya si fue el principio o si tardé varias semanas en aplicarme el cuento. Todos los correos electrónicos que surgen de mi trabajo de fin de semana están programados para entregarse a partir de las 8:00 del lunes siguiente. Y por cierto... aplico el mismo tratamiento a todos los e-mails que recibo durante el fin de semana. Yo puede que los responda, pero no inician el trayecto desde mi carpeta de salida antes del lunes a las 8:00. Acabando también con esas interminables cadenas de correo.

Y es que todo el mundo tiene el derecho a descansar el fin de semana y fuera de las horas de trabajo, la desconexión digital tan manida y comentada. El reto (o mi reto particular) es aplicar lo mismo a los mails que salen fuera del horario laboral de un día de diario. Por cierto... que no he debido de ser el único en ponerlo en marcha, porque yo ya no recibo tampoco correos más allá de los viernes por la tarde. Y he de decirlo, en algunas unidades, cuando vas a enviar un correo "fuera de horas", un aviso te recuerda que estás llevando a cab una mala práctica y si realmente es necesario enviar ese e-mail en ese momento.

Ah, una vez implantado este comportamiento, sigue existiendo el verdadero canal de las urgencias: el teléfono. Y ese es el que sigue siendo válido para contactar en caso de extrema necesidad (que de momento no los ha habido).

¿Y vosotros? ¿Seguís escribiendo y enviando e-mails fuera del horario laboral? ¿Tenéis otra forma para resolver este tema y que tanto afecta a la desconexión digital? Recordad que "quien descansar deja, honra merece".

Ps: Por cierto, en Outlook 2016, que es el programa que uso en la empresa en que trabajo, la forma de programar un correo para enviarlo más tarde es a través del Menú "Etiquetas" y permite explicitar qué día y a qué hora se debe mandar el correo. Eso sí, exige estar on-line en dicho momento y si no se está, no se enviará hasta que no estemos de nuevo conectados con el outlook en el que lo hicimos.

Ps2: Image by mohamed Hassan from Pixabay 


domingo, 14 de junio de 2020

Otros vendrán, que a GTD y a FacileThings volverás

Nuevo capítulo de esta miniserie de la #pandemiaproductiva. Y es que he de reconocerlo, durante el confinamiento vuelvo a abrazar GTD y de la mano de FacileThings. Para los que lleváis tiempo siguiendo este blog no es novedad que mi encuentro con la productividad personal se debió a la frase “ojalá el día tuviera más de 24 horas” y a su búsqueda en Google. Así encontré GTD y bueno... poner en marcha tu sistema GTD no es difícil... yo lo he hecho muchas veces. :-) Es verdad que a menudo te caes de la tabla y que no siempre es sencillo subirse otra vez a la misma. Pero he de reconocer que merece la pena

En este periodo pandémico mi sensación era otra. Me veía como un malabarista de platillos chinos, intentando que todos girasen y que ninguno se fuera al suelo. Y lo peor de todo, es que ni siquiera sabía cual era el que, si se rompía, pudiera hacer más ruido. Así que aprovechando las largas jornadas en casa tocaba volver a ordenar y a subirse a la tabla.

Para los que no lo conozcan, GTD es una completa metodología de productividad personal. Un conjunto de hábitos que organizados en varios niveles y en varios pasos te permiten ser más efectivo, qué es ir un paso más allá de ser productivo. Como este es un artículo corto y explicarlo sería muy largo os voy a llevar al referente de la metodología en España que seguro que sabe explicarlo mejor que yo (@jmbolivar y a la red Óptima LAB encargados de la formación oficial de GTD).

Para volver a subirme a la tabla empecé por el papel y el lápiz y unos mapas mentales que me han permitido volver a entender mis áreas de responsabilidad, mis objetivos y los proyectos en los que estoy metido (ojo que la definición de proyecto en esta metodología es muy diferente). Y una vez que tenía claro el estado de las cosas, volví a buscar una herramienta que me ayudara.

Dicen los que conocen GTD que la herramienta es lo de menos, que el sistema puede funcionar en papel y lápiz. Y tienen razón. De hecho, lo que puede suceder es que las herramientas te tiren de la tabla. La búsqueda de la herramienta óptima te hacen ir probando y cambiando de una a otra. Le pasa a @jordifortuny y lo comenta en este artículo de esta misma semana, pero nos pasa a casi todos. En este deambular en la búsqueda de LA herramienta yo he probado un montón de ellas. Things, Nirvana, Todoist, Notion... pero he de reconocer que durante la pandemia he vuelto a probar FacileThings y (ojo, esto es una opinión) para mí no hay color.

Te conduce por todos y cada uno de los pasos y además te hace más sencillas esas partes de la metodología que pueden ser más tediosas (véase por ejemplo la revisión semanal). Para aquellos que no somos expertos en la misma es una grandísima ayuda. Y he de decir que además, desde que la dejé, ha incluido un huevo de mejoras. Gran trabajo el de @franciscojsaez y equipo.

Así que hoy domingo puedo decir que creo que tengo las cosas bajo control. Todo está dentro del sistema, las cosas del trabajo pero también las personales (sí, hasta la humedad que ha salido en la buhardilla) y los platillos siguen girando. Y si os digo la verdad, de momento no parece que ninguno se vaya a caer, ni siquiera la vajilla de 24 piezas que hay girando sobre uno de los palitos.

¿Y vosotros que metodologías utilizáis? ¿Y herramienta? ¿Os habéis caído de la tabla? ¿Os habéis vuelto a subir? Nos leemos.

Ps: Por si alguien se lo pregunta: No, este no es un artículo patrocinado, es un post agradecido. La sensación de control no se paga con dinero!!!




domingo, 7 de junio de 2020

Quien buenas horas bloquea en su agenda, buena sombra le cobija.

Nuevo artículo de esta serie #PandemiaProductiva y nuevamente le vamos a prestar atención a la agenda. Mira que yo de normal no le hacía mucho caso, pero vamos, en estos días de confinamiento ha resultado ser una herramienta fundamental. Si la pasada semana veíamos cómo madrugar me ha permitido sacar dos horas todos los días, esta semana vamos a bloquear horas a media jornada, para poder tenerlas para nuestro "uso y disfrute".

La semana pasada os enseñaba una foto de mi agenda del lunes. Una sesión de Teams y Zoom detrás de otra hasta completar todo el horario de 9 a 19. Mi solución, para encontrar tiempo de calidad, tiempo de concentración ha sido ponerme a trabajar dos horas antes (sí, a las 7,00 estoy delante del ordenador) y ahí sí, disfrutar del silencio. A esa hora hay muy poca gente conectada y tampoco entran chats. 

Pero existe otra solución que yo estoy aplicando y es bloquear horas intermedias en la agenda. Son horas para "mis asuntos" y su único cometido es que el resto de usuarios vean tu agenda bloqueada a dichas horas y por lo tanto no te metan ninguna videoconferencia a esas horas. Eso los que la miran antes de convocar una reunión... pero esa es otra historia. La imagen de esta semana muestra todos los timeblock de la semana entrante en amarillo. Veremos cuantos se pueden mantener de aquí al viernes...

Yo intento bloquear una hora cada mañana y luego hago lo que quiero con ella. De hecho, si es necesario convocar una reunión en dichos huecos, si las reuniones son relevantes, entonces yo soy el primero en disponer de dichos bloques de tiempo para ello. Pero soy yo el que decide la relevancia de la reunión y si amerita ese tiempo o no. De hecho, también me bloque la hora de 18 a 19, pero he de reconocer que esa es bastante más complicado de mantener...

Y si llegado el momento, no hay nada relevante que me impida disfrutar de esa hora para mí, me he ganado una hora de tiempo de concentración y atención... aunque eso sí, en estas horas es más posible que entren llamadas, o chats o "cosas urgentes" (siendo urgente lo que quien sea que te lo endiña considera urgente). 

Resumiendo que es gerundio, la combinación de los madrugones y de las horas bloqueadas me permiten avanzar en esas tareas relevantes que exigen concentración y atención máxima. Esas de "energía alta" en GTD.

¿Y vosotros? ¿Utilizáis el bloqueo de horas en la agenda para evitar que os molesten?

Nos leemos.


sábado, 30 de mayo de 2020

A quien madruga zoom y teams no le molestan

Me han venido a la cabeza tres o cuatro ideas para escribir artículos cortos que voy a llamar "Productividad pandémica" o "Pandemia productiva". Y es que el coronavirus nos ha traído varios cambios en nuestras costumbres laborales. No todos buenos, que todo hay que decirlo. Y hemos trasladado varias malas prácticas de nuestra vida presencial a nuestro trabajo a distancia. ¿Teníamos reunionitis? Pues ahora padecemos la videoconferencitis!!!! 




Os paso una foto de mi calendario de Outlook de este lunes. Las "vídeos" empiezan a las 9,15 y acaban a las 19... Con dos horas para comer. Que eso, de momento, los vamos respetando, más o menos, entre todos (bajo posiblemente la amenaza de nuestras familias de mandarnos a la mierda, con todos los motivos del mundo). Ojito, que yo me cuido mucho y digo que no a muchas de ellas, y os prometo que intento convocar las estrictamente necesarias, y a pesar de eso...

Pero... ¿Y si estás reunido todo el día... Cuando trabajas? Algunos dirán que cuando pintan poco en las vídeos apagan la cámara y se ponen a hacer otras cosas. Sí, yo también los hago. Pero claro, eso sirve para contestar cuatro correos, vaciar la bandeja de entrada, y trabajillos de poca duración y escasa concentración. 

¿Pero aquello que necesita tiempo y atención plena? Pues cuando todos duermen. Es decir, una vez que no hay que llegar al colegio a las 8 ni hay que chuparse una hora de atasco para llegar al curro... Ahora me levanto a eso de las 6,30 (que tampoco es mucho cambio respecto a la hora de nuestra vida anterior) y a eso de las 7,15 ya estoy, yo solo, frente al trabajo. Y a esa hora no entran llamadas, ni se convocan videos, ni nadie molesta... Atención plena para tareas "tochas".

¿Y por qué no a las 19? Porque a esa hora pueden seguir entrando llamadas y además ha llevado ello fue de toda la jornada, y porque en mi caso tengo un hijo que a esa hora está plenamente activo y al quiere quiero hacerle caso.

¿Y vosotros? ¿Cómo os escapais de esa marea de videoconferencias? 

Nos leemos.

domingo, 15 de marzo de 2020

Lecciones aprendidas tras 4 días de teletrabajo

Bueno, pues si en mi artículo anterior señalaba que el coronavirus podía ser el pistoletazo de salida para esta carrera del teletrabajo, no hemos tenido que esperar mucho tiempo. En mi caso, desde el pasado martes estoy trabajando desde casa. Para aquel día estaba preparado un ensayo con parte de la plantilla fuera de nuestro centro de trabajo y con otra parte aún desde las instalaciones. Pero la realidad fue más rápida y el lunes por la noche ya recibimos un comunicado señalando que se recomendaba que todos nos quedáramos en casa. Y así que lo hicimos.Así que mañana lunes, cumpliremos nuestro quinto día de teletrabajo. ¿Que conclusiones he sacado hasta ahora de la experiencia?

No es lo mismo teletrabajar sólo en casa que con toda la familia.

Primera gran diferencia entre esta experiencia y otros momentos de teletrabajo. Esto está siendo totalmente diferente y algo más complicado. No es lo mismo estar tu sólo en casa, que estar tres intentando hacer lo mismo (porque claro, Pablo de 10 años ya está telestudiando). Lo que habréis vivido todos en esta situación actual. Hay que preparar desayuno, parar para dar los buenos días, resolver las dudas de mates, resolver problemas de conexión (que han sido bien pocos), aguantar los momentos de pánico por el crash bursatil (mi mujer es la que se dedica a esos temas), hacer un descanso para que todos nos pongamos al día y comentemos las últimas cifras del virus... La parada para comer no es de 45 o 50 minutos; sino que puede llevarte dos horas si no tienes ayuda...
Algunas de estas dificultades se han ido reduciendo con el paso de los días, la situación se va normalizando, aunque empieza a notarse el agobio de tanto día en casa (y eso que hasta ahora todavía podíamos salir al monte un rato)

No es lo mismo teletrabajar uno sólo a que lo haga todo el equipo.

Para mí esta es la dificultad mayor. Cuando uno decide teletrabajar un día, todo lo demás sigue en el mismo sitio. Las reuniones son presenciales y tú no estás (o sólo tú entras por teléfono); si alguien te está buscando el resto del equipo le echa una mano o le dice donde andas; las conexiones seguras con la empresa funcionan sin problemas... Pero claro... es que ahora estamos todos fuera y organizar esto conlleva un poco de esfuerzo por parte de todos. Porque no es así tan fácil. ¿A que todos los que estamos en esta situación hemos pasado más o menos por estos problemas?

Caídas de la VPN: el martes todo fue como un tiro. 0 problemas... o unos pocos, pero muy pocos. Las malas lenguas dicen que es que no todo el mundo estaba conectado (esa es la falta de confianza de la que hablaba en el artícuo anterior). Pero el miércoles... el miércoles la VPN dejó de ser funcional. A unos no los dejaba entrar, a otros los tiraba a mitad de la sesión, los que estaban conectados decían que la velocidad era horrorosa. Primeros momentos de crisis. Nosotros, que estamos en un momento clave de entrega de información, sufríamos viendo lo que se venía encima para jueves y viernes, dos días clave. Seguro que hubo comités de crisis y reuniones al más alto nivel. Varios planes diferentes y soluciones posibles y factibles bajo análisis. Pero el jueves volvió la normalidad y el viernes todo corrió perfectamente. Veremos mañana, pero entendamos que son las "cosas del directo" y que estamos en un escenario de crisis (el otro día volví a ver "Juegos de guerra" con mi hijo y estaban con aquello del DEFCON3)

Uso de "nuevas aplicaciones". No, yo creo que a mí no me han instalado nada nuevo, pero... ¿cuanta gente no sabe cómo funciona el programa de videoconferencia? ¿cuanta gente sabía que hay tres programas que permiten hacer videoconferencia (es nuestro caso)? ¿Y los programas de trabajo colaborativo? ¿Habéis visto la cantidad de cosas que se pueden hacer con Teams? ¿O Slack, quien lo use? Esto va dependiendo un poco del uso de estas herramientas en el pasado, pero os prometo que hay gente que estamos (el burro delante para que no se espante) aprendiendo una ingente cantidad de capacidades de los programas informáticos. Y eso que no nos metemos con Asana, Trello y demas herramientas de trabajo colaborativo y en remoto.

Temas organizacionales. Sin duda el mayor problema es organizarse entre todos, y aquí es donde posiblemente estén quedando retratadas las "malas prácticas" de nuestro día a día en oficinas físicas. Y aquí me voy a centrar en tres puntos que se me han hecho muy evidentes estos días.

1. El aquí te pillo aquí te mato: me refiero a ese momento en que te pilla un compañero, un jefe, un alguien venido desde la otra punta de la planta y se pone a tu lado y "ahí te pilla ahí te mata". Ese "tienes un minuto", o ese, como pasaba por aquí pues te suelto dos mil marrones. Los programas que estamos usando para comunicarnos, incluyendo el correo electrónico, tienen una característica común: no son obligatoriamente síncronos. Es decir, el receptor del mensaje puede estar a otra cosa y no es obligatorio que te responda en el momento, ni se de por aludido. Por eso no vale con soltar un mensaje en el chat del Teams para decir, "nos reunimos en dos minutos". A lo mejor, este hecho nos permite comprender que esos comportamientos no siempre son necesarios, o al menos no tan a menudo como los solemos poner en práctica. Pero ojo, existe una función en el móvil que si permite esa sincronía o que al menos, nos permitiría conocer que el receptor si ha visto el mensaje y lo ha comprendido (ojo, da algo más que el doble check azul) y es una de las que menos he utilizado estos cinco días: ¡¡¡¡¡El teléfono!!!!! Bueno, estamos todos aprendiendo

2. El mal uso de los calendarios y las agendas. Es bueno, ahora más que nunca, que todo el mundo tenga actualizadas las agendas. Y en momentos como este, incluso las obligaciones familiares o la hora en la que tienes previsto parar a comer o salir a comprar. Dado que todos estamos en videoconferencias y reuniones no presenciales, es bueno además comprobar, al convocar una reunión, que los asistentes están disponibles. Eso es una obligación para quien convoca; pero los posibles convocados es bueno que tengan las agendas actualizadas para evitar problemas de no asistencia. En la vida normal también debería hacerse así, pero en estos momentos es aún más relevante. 

3. El exceso de mensajes y de canales de mensajería. El primer día tuve muchos problemas con esto y acaba siendo un poco más de lo mismo. Como todos, imagino que los mensajes en el whatsapp se han visto multiplicados y por ejemplo yo vi uno enviado por mi jefe a las 17,30 unas tres horas después. Así que he aprendido a "fijar conversaciones". Es decir, los tres grupos más relevantes de trabajo están siempre arriba del todo, por lo que siempre cuando entro a la App. El Skype empresarial si que te llama la atención cuando tienes mensajes sin leer y además te envía un email si no te conectas en mucho rato. Pero al Teams no le tengo para nada pillado el truco y hay veces que me pierdo varios mensajes sin leer durante horas, algunos más importantes que otros. Y por supuesto... sigo con las notificaciones apagadas, lo siento. Si me pitase el movil con cada mensajito... Ya lo sabéis... para lo urgente, se llama por teléfono (y ojo, cuando todo es urgente e importante, entonces nada lo es).

Acabando que es gerundio.

Y ya para acabar, que esto se me alarga demasiado, algunas cosillas de las que me he dado cuenta en estos días y que quiero compartir.
- Cambiarse de ropa: Joder que relevante es mantener estas costumbres. Nada de currar en pijama. Vestirse, aunque sea ponerse un chandal, y afeitarse (si se hacía antes) para que realmente te parezca que no estás de vacaciones o fin de semana.
- Deporte: hasta hoy ha hecho buen tiempo y antes del estado de alarma he estado saliendo a pasear todos los días por el monte, una muy buena forma de desestresar. Pero a partir de ahora tocarán otras cosas como hacer estiramientos o bajarse apps de esas de ponerse en forma en 7 minutos y sin salir de casa. Todo sea por relajar un poco este estado.
- Espacio de trabajo: Yo tengo mucha suerte porque no tengo problemas. Tenemos espacios diferenciados y todo va bien. Tengo una pantalla enorme que me soluciona muchas cosas, pero sé que no todo el mundo tiene estas condiciones. Buscar un lugar cómodo en casa y dedicado sería lo correcto, pero aquí no es cuestión de lo que se quiere sino de lo que se puede.
- Horarios y pausas: No lo voy a negar, no echo de menos los atascos mañaneros y me ahorro dos horas de coche todos los días. Pero no he cambiado el horario de levantarme. Intento ponerme a las 7,15 o 7,30 y hago pausas. Muchas. Cortas y medias. A veces porque necesito descansar yo y a veces porque alguien necesita algo por casa. Mañana veremos como se plantea todo sabiendo que ya no podemos salir.
- Relajar las formas: Bueno, la primera vez que Pablo vino en medio de una vídeo fue un poco cortante, para mí y para los que estaban al otro lado. Sabéis lo que os digo, que toca relajar las formas y los modales. Vamos, que no te diré que esto sea un despiporre, pero que tenemos que entender que estamos en un estado excepcional (que no de excepción). Hay bebés que gritan en las conversaciones, adolescentes que cruzan las habitaciones, suegras a las que se les oye preguntar por la comida y críos que vienen a preguntar dudas por las matemáticas. Y sabéis que, bienvenidas sean estas cosas porque al fin y al cabo, es lo que tenemos que vivir en estos días de virus.

Seguro que se me olvidan un millón de cosas y que habéis tenido experiencias para contar. Pues para eso están los comentarios, que son todos bienvenidos. Nos leemos, o si queréis, montamos una videoconferencia.

#YoMeQuedoEnCasa #RetoTeletrabajo #DeEstaSaldremosMásFuertes