domingo, 28 de febrero de 2016

¿Qué hago con mi zona de confort? (Parte 2)

Maupiti - The Unspoken Paradise
En el pasado artículo comentaba que mucho había leído y reflexionado sobre la zona de confort. En el artículo dí su definición y sus (en mi opinión) componentes: conocimientos, habilidades y factores externos. Y que si algo nos obligaba a trabajar nuestra zona de confort eran los factores exógenos, que hacen que en un momento de cambio como en el que vivimos sea necesario no quedarse dormido en los laureles y trabajarla de forma constante si no queremos vernos perjudicados en nuestro desarrollo profesional (y ojo, que eso incluye quedarse como estamos).

Trabajando la zona de confort.

Así pues, reconocido que es obligatorio trabajar nuestra zona de confort, la pregunta correcta sería ¿Cómo? ¿En que sentido podemos mejorar los factores accionables de nuestra zona de confort: principalmente nuestros conocimientos, habilidades y comportamientos? Si pensamos gráficamente en la zona de confort (imagínate una habitación, con su sofá cómodo de verdad, sus plantas, esa música que te mola, la piscina al lado, y el margarita...) y te dicen que tienes que mejorar dicha zona de confort, creo que existen dos estrategias posibles: 
  • hacerla más grande: expandirla, incorporar conocimientos o habilidades que aún no has desarrollado;
  • hacerla más cómoda: profundizar, seguir aprendiendo en aquello que eres bueno, convertirte en un experto.


Expandiendo tu zona de confort.

Consiste en aprender aquello que no sabes; en comenzar a dominar aquello que hoy no conoces... en hacer lo que no practicas. Esta estrategia te convertirá en alguien más completo, te permitirá tener más conocimientos o habilidades nuevas. Y que puedes no tenerlas porque nunca te hayan interesado, porque te den pavor enfrentarte a ellas o porque nunca las hayas tenido que poner en práctica. Típico ejemplo: el de hablar en público. Habilidad que puede ser necesaria en ciertos trabajos pero que los de la generación X no hemos practicado en la Universidad (o con estrepitoso fracaso lo que provocaba un rechazo frontal).

Dependiendo del momento de tu carrera profesional puede haber cientos de habilidades a trabajar y lo mismo con conocimientos teóricos. Cuando hayas desarrollado estas habilidades nuevas, tu zona de confort será más amplia. Y estarás más a gusto haciendo un montón de cosas diferentes, lo que te dará soltura y polivalencia.

Existe un limitante muy importante en esta estrategia, el miedo a lo desconocido. Aquello que no sabemos nos produce cierto repelús, cierto rechazo, porque implica un cambio. Este es el motivo por el que la mayoría de artículos que yo tengo guardados en mi archivo digital sobre la "zona de confort" están relacionados con el coaching y el proceso de cambio. Sobre dichos momentos de cambio podemos encontrar frase como "Todo lo que quieres está más allá de tu zona de confort", "tus sueños están fuera de tu zona de control" y vuelvo a recomendar en este momento el artículo de @evacolladoduran "Nada crece en la zona de confort".  

Profundizando la zona de confort.

Pero existe una segunda forma de trabajar la zona de confort, que sería haciéndola más cómoda, o sea, ampliando o mejorando esos conocimientos y habilidades que ya tenemos. Haciéndonos unos expertos en un conocimiento o en una habilidad, tal y como se señala en el artículo de @zumodeempleo acerca de la conversión en talento de una habilidad que tengas.

Ese curso avanzadísimo de Analítica web, por ejemplo, que hace que sólo dos personas tengáis el conocimiento en una empresa. Esa tesis doctoral que te convierte momentáneamente en la persona que más sabe de este tema en concreto en un momento dado. O el desarrollo de esa habilidad de hablar en público que te convierte en el referente para hablar de tu empresa fuera de ella. Todo esto son ejemplos de como profundizar y asegurar tu zona de confort.

Hacerte un experto es una forma de apuntalar tu zona de confort. Es más difícil que alguien o algo la ponga en peligro. Vamos... que le acabas de poner una televisión de 40 pulgadas a tu zona de confort, o un sistema de sonido mejor, o una piscina más grande.

¿Son incompatibles ambas estrategias?

Si he de ser sincero... cuando empecé a pensar estos artículos lo hice porque me molestaba esa frase de "salta de tu zona de confort". Joder, si se está muy a gustito... que manía con abandonar este espacio tan rico.  Pero  cuando leí el artículo sobre la especialización, me dí cuenta de que esa posición tampoco puede ser dogmática. Será que como decía Aristóteles, en el punto medio está la virtud... 

Creo que depende del momento. O mejor dicho, de tu momento y de tu carrera profesional. Por lo que yo he vivido (que empieza a ser una parte muy importante de mi vida, pero una ínfima parte de la vida del mundo, lo que implica que puedo estar perfectamente equivocado), hay momentos en la carrera profesional de uno en los que "la expertise" puede ser un punto muy potente. Pero esa misma "expertise" puede ser un factor limitante en un momento de desarrollo en el que no importaba lo bueno que eras con el excel, sino que también supieras manejar equipos, hablar en público y tener habilidades negociadoras.

Hace años leía la frase de que "si te conviertes en imprescindible en tu puesto en la empresa no podrás ascender porque nunca encontrarán a quien te pueda reemplazar". Pero hace poco leyendo sobre "marca personal" leía justo todo lo contrario. Será, como decimos los economistas, cuestión de encontrar el equilibrio.

Resumiendo mi pensamiento.

 Al final, la frase que mejor creo que recoge este pensamiento es la que dice Alfonso Alcántara, "no salgas de tu zona de confort, hazla más grande". Porque no vas a dejar atrás todos tus conocimientos y habilidades, sino que siempre irán contigo (aunque algunos vayan a caer en desuso). No se si expandiéndola o profundizándola, puesto que ambas son formas de aumentarla, eso dependerá de tu momento y de tus deseos.


Lo que si he de reconocer es que con toda esta lectura y todos estos pensamientos, me he autoconvencido de que el momento de trabajar la zona de confort es YA MISMO. Siempre es el momento de trabajarla. Ahora bien, el mejor momento, el mejor de todos es justo el momento de máximo confort. Piénsalo bien, ahora que nadie te ataca, que tus jefes están contentos con tu trabajo, que tienes el reconocimiento de compañeros y empleados, que la fama te precede, lo tienes todo controlado... ahora puedes escoger sin agobios, pensar si es momento de dominar eso del hablar en público, hacer el MBA o de irte a la escuela de gastronomía y aprender eso que siempre te gustó, donde está tu verdadera pasión, por si acaso un día toca pensar en el cambio.

¿Y vosotros? ¿En qué momento estáis? ¿En el de pleno confort? ¿Momento de cambio? ¿O momento de profundizar?

Aprovecho para agradecer los comentarios de @jeronimosanchez y de @evacolladoduran al artículo anterior que por alguna extraña razón tecnológica, blogger no me permite responder (si me autentico no puedo leer sus comentarios; y si cierro sesión no puedo responderlos). Gracias por vuestras opiniones. A Jerónimo espero que le haya merecido la espera de la segunda parte (a mi también me pasa con alguna de tus series). A Eva darle las gracias, por la frase (aunque sea anónima), por el artículo que no es anónimo sino tuyo y por el libro de "Marca eres tu" que me ha enseñado muchas cosas.

jueves, 25 de febrero de 2016

¿Qué hago con mi zona de confort?

Earthly paradise.
Últimamente me he encontrado muchas veces, ya sea en nuevas publicaciones o en textos almacenados, con el concepto de la "zona de confort". No es que sea nuevo, pero por a o por b, en este momento de mi vida me ha generado un gran número de cuestiones. Y las lecturas sobre el tema, si no son totalmente divergentes, me dejan con la misma duda. ¿Qué tengo que hacer con mi zona de confort? ¿La debo ampliar? ¿Debo saltar de ella? ¿Renovarla? ¿Profundizarla? ¿Dejarla quieta? ¿Me la llevo debajo del brazo a otro lugar?

Tanta es la duda que he sacado papel y lápiz y me he puesto a pensar sobre el concepto, no sólo en su aspecto teórico, sino también para tomar ciertas decisiones, y he llegado a una conclusión, que es la que aquí expondré y sobre la que os pediré vuestras reflexiones. Someteremos mi opinión a un "test de estrés" de esos que tan de moda están, a ver cuánta presión aguanta. (Pero eso será en el próximo artículo porque, aunque ya está escrito, me ha quedado un pelín larguito, aunque creo que el tema lo amerita)

Definiendo la zona de confort.

La definición teórica dice que "La zona de confort es un estado de comportamiento en el cual la persona opera en una condición de "ansiedad neutral", utilizando una serie de comportamientos para conseguir un nivel constante de rendimiento sin sentido del riesgo" (texto tomado de la wikipedia). Y en coaching se señala como "el conjunto de límites que, sutilmente, la persona acaba por confundir con el marco de su íntima existencia...  y define muy gráficamente el acomodo de aquellas personas que han renunciado a tomar iniciativas que les permitan gobernar sus vidas". Y completo con otra fuente "nos da abrigo y nos hace sentir seguros. Abarca todo aquello que conocemos, esos ambientes de los que nos sentimos parte y en donde estamos totalmente a gusto".

Después de leer estas definiciones, considero que la zona de confort se define por un lado por nuestras capacidades, habilidades y comportamientos, tanto las “hard” como las “soft”; pero por otro lado, se define de forma conjunta con una serie de factores externos, exógenos, que nos hacen estar “a gusto” en nuestra situación actual. 

Es decir, forman parte de nuestra zona de confort las capacidades "hard": nuestros conocimientos teóricos de un tema en concreto, la carrera, los conocimientos sobre una aplicación ofimática, sobre un lenguaje de programación, nuestra experiencia en el mundo en el que trabajamos… Pero también las capacidades “soft”, como puede ser la capacidad de relación con otras personas, nuestras habilidades negociadoras, la calma con la que presentamos en público, nuestra habilidad para expresar ideas de forma clara… forman parte de esa “zona de confort”. Al fin y al cabo, todas estas capacidades forman parte del conjunto de habilidades que hemos desarrollado y que nos hacen ser "autoconfiantes" (¿será esta una traducción valida de "self-confidence"?) en nuestro día a día laboral.

Pero como señalaba, en mi opinión, la zona de confort también incluye, o mejor dicho se define de manera conjunta con ciertos factores externos. El equipo de personas con el que trabajamos, sean pares, colaboradores o jefes; las relaciones con otras unidades y áreas; el trabajo que nos toca hacer; el entorno en el que desarrollamos nuestro trabajo; nuestras condiciones laborales… Es cierto que sobre dichas variables poco podemos hacer muchas veces. Sí podemos influir en el ambiente de trabajo, pero poco poder de influencia tenemos ante cambios en la estructura, nuevas personas, cambio de jefes o cambios de funciones impuestos. Y sin embargo estas situaciones afectan a nuestro grado de confort laboral.

Este último punto tiene un impacto ciertamente relevante. Nuestro estado de “control y relajación”, esa sensación de estar “fuera de riesgo” puede cambiar por factores que nosotros no controlamos. Lo que implica que, y aún más en estos tiempos de cambio tan rápido y tan profundo, que en todo momento deberemos estar trabajando nuestra zona de confort. Considerar que en esta era de cambios, vamos a poder sobrevivir toda una vida laboral con nuestros conocimientos y comportamientos actuales... es un suicidio.

Trabajando la zona de confort.

En esta parte me voy a adentrar en el próximo artículo, que si no esto se alarga demasiado, pero por ir adelantando... personalmente creo que hay dos formas de "trabajar" la zona de confort: expandiéndola o profundizándola (no se si matemáticamente tendría que pasar de zona a espacio de confort por tener tres dimensiones); o lo que es lo mismo, adquiriendo nuevas habilidades y conocimientos; o profundizando en ellos

Y ya aprovecho para haceros unas preguntas sobre el tema, referenciando dos artículos sobre el tema:
- ¿Es cierto que "nada florece en la zona de confort"? como dice Eva Collado
- ¿O tiene razón el refrán de "quien mucho abarca poco aprieta"? como podemos leer en el artículo de Zumo de empleo


Seguimos leyéndonos.

lunes, 8 de febrero de 2016

Beneficios colaterales de escribir un blog

Typewriter En breve cumpliré un año escribiendo de forma más o menos periódica en este blog. Sí, hubo artículos sueltos hace unos años; pero la costumbre de publicar un artículo casi cada semana la he conseguido mantener desde marzo del año pasado. Pero... ¿por qué escribir un blog? Personalmente porque me sirve para descargar, para ordenar pensamientos y porque me gusta, como me gusta la temática del mismo, no hay mucho más. 

Pero resulta que esta semana me he encontrado con un beneficio totalmente inesperado de escribir este blog. Creo que en algún otro artículo ya he mencionado que mi vida profesional se desarrolla principalmente entre dos programas ofimáticos: el excel y el powerpoint. El excel porque me dedico a hacer números y el powerpoint porque también me toca presentarlos. A veces es un 90/10; a veces es un 60/40, siempre dando prioridad a los números. Y el excel lo puedo sustituir por el access... vamos que más números, algo de SQL y de vez en cuando algo de Visual Basic. Por supuesto que como todo el "mundo mundial" uso el coreo electrónico, el navegador, el lector de PDFs... Pero vamos, que mi mundo son esas dos aplicaciones.

Pero este viernes tuve que abrir ese gran olvidado, el Word... Y es que por motivos laborales me tocó escribir un texto. O mejor dicho se me ocurrió escribirlo, porque tampoco es que me lo pidieran. Lo que estaba intentando era unir, dar sentido a un montón de ideas recopiladas sobre un tema, para dar a conocer a otro mis pensamientos (o mejor dicho, mi razonamiento) y conclusiones sobre un tema en concreto... Ni más ni menos que lo que hago todas las semanas desde que escribo este blog. 

Ni la presión de la hoja en blanco, ni revisar cada dos líneas para ver si se entendía lo que estaba escribiendo... Nada. Escribir me resultó fácil. Porque no estaba haciendo nada nuevo. Cierto que el tema no era libre, ni estaba escribiendo por el gusto de escribir, pero no era una actividad distinta. Al final cinco páginas de texto (en un tiempo bastante decente) resumiendo el trabajo de una semana de análisis de información. Cierto, no ganará un premio periodístico, pero aprobado a la primera por el jefe, que era de lo que se trataba. 

No me imaginaba yo que iba a sacarle este provecho al blog. Mira que escribirlo me ha permitido aprender sobre muchas cosas (incluso sobre mí mismo), contactar con personas muy interesantes y recuperar el gusto leer (porque claro, es cierto que uno se documenta para soltar la chapa todas las semanas). Pero no me imaginaba yo que este ejercicio escritor iba a tener esta aplicación práctica...

Así que esta semana, cuando por temas profesionales no he podido sacar el tiempo necesario para seguir tratando el tema de las diferencias generacionales, he decidido seguir escribiendo. Un artículo pequeño, cierto; y de una temática que se separa un poco de la habitual. Pero quiero seguir manteniendo un hábito que puede tener su importancia en mi vida futura...

Y vosotros, los que os habéis animado en esta experiencia de mantener un blog ¿qué beneficios habéis obtenido de escribirlo? ¿Alguno inesperado?