sábado, 18 de marzo de 2017

Cuando las notificaciones no son el problema

Cuando hace ya algún tiempo comencé a leer temas de Productividad Personal me encontré con un consejo muy repetido por todos los que escribían sobre el tema: “Apaga las notificaciones”. Y realmente tenían razón (y la siguen teniendo). El simple hecho de apagar las notificaciones resulta muchas veces en una increíble y muy importante ganancia de efectividad. De hecho, la mayoría de (por no decir todas) las notificaciones que recibimos son grandes excusas para desplazar nuestra atención de aquello que estamos haciendo a cualquier otra cosa. Da igual que sea la pantallita azul abajo a la derecha avisándote que has recibido un correo electrónico, que el pitidito del whatsapp… No hay nada mejor que recibir una notificación de esas para dejarlo todo y atender rápidamente esa llamada de atención.

Resultó ser que el aviso del correo era una newsletter de la tienda esa de informática anunciando un portátil que a ti ni te va ni te viene; pero que oye… por ese precio… espera a ver qué características tiene… ¿y si miro en otra tienda?... Pero… ¿y si lo quiero con más Disco duro? ¿Y mayor resolución de pantalla? ¿Y en esa otra tienda que vimos? ¿Y yo necesito tanto procesador? ¿Qué procesador necesitaría yo para mover mi Excel? Espera que en el blog este de informática seguro que me dicen algo más… ¿pero esa marca? ¿Seguro? A ver si alguien ya lo ha pillado y da alguna opinión… Bueno, ya está, visto… si. Es cierto, no necesito un portátil de momento. Pero bueno… total han sido quince minutos… ¿Qué estaba haciendo? Venga volvamos a ello.

Seguro que algo así os ha pasado muchas veces (bueno, quizás a vosotros no, pero si al compañero de al lado) y este es uno de los grandes retos a los que nos enfrentamos en el mundo actual, la perdida de atención debido en parte a las dichosas notificaciones. De hecho, las notificaciones fueron objeto de uno de los primeros artículos de este blog cuando no tenía periodicidad alguna y que además repetí el mismo tema en más de una ocasión. Pero como ya hemos leído que eso de las notificaciones son malas, ya hemos apagado muchas, casi todas. Seguimos dejando el volumen de las llamadas del teléfono a tope, pero muchos nos excusamos sabiendo que las urgencias de la familia suelen llegar por dicho medio. Pero oye… ya no saltan los correos entrantes; ni los whatsapps del grupo del colegio; ni suena un pajarito cada vez que alguien escribe un tuit (esto me pasaba con sólo 50 “seguidos” en mi perfil, por lo que imaginaos con los 600 de ahora y los cientos de miles de algunos usuarios); ni vibra el teléfono con un SMS, etc etc

Ya estás solo ante tu ordenador y la próxima tarea. Como eres un lector de temas de productividad, la tarea está bien definida, el contexto es el adecuado, el nivel de energía también, es una acción tachable, dentro de un proyecto, que además te ayudará a completar tus objetivos. Tu dedo se acerca al ratón del ordenador, cambias un momento de ventana… No, no hay ningún correo pendiente. Clickas en “F9”. La bandeja se actualiza. Nada. Espera que voy a ver si el jefe quiere algo por el whatsapp. Nada. Bueno, un momento que voy a ver twitter. Dos minutos. Ya mismo vuelvo…

Ves, ya estoy de vuelta. Han sido cinco minutos porque encontré una cosilla cachonda para ver. Venga donde estábamos. Espera que antes de empezar… Mira, un correo electrónico. Más vale que volvía a actualizar la bandeja de entrada. A ver que me piden. Anda!!… necesitan una tabla de datos… No ponen para cuando. Pero ya que estamos… por si acaso… así además como la devuelvo rápido van a pensar que soy un crack. Lo mío ya lo dejo para después.

Si este es el caso de algún conocido tuyo (nosotros nunca somos el ejemplo del perfecto improductivo), como puedes comprobar, el problema no está en las notificaciones. Ni mucho menos. Su problema es que pasa olímpicamente de su trabajo y de sus obligaciones. Y cualquier excusa es buena para procrastinar absolutamente todo. Y eso que en este ejemplo, su trabajo ya estaba definido, que como tenga que definir lo que tienes que hacer… Entonces ya vas a encontrarte con un compañero que hace ese gesto de “f9” diez veces seguidas. Para mucha gente resulta más cómodo hacer aquello que nos piden desde fuera que ponernos a definir nuestros deberes; o incluso que hacerlos.

Y es cierto que existen los trabajadores reactivos. Aquellos que prefieren responder a las demandas. No crean nada nuevo, pero dan respuesta a aquello que se les pide. Y en según que puestos puede ser positivo este comportamiento, pero hoy por hoy la proactividad es fundamental en el trabajo. Y uno no puede estar esperando a que el trabajo llamé a su puerta continuamente por medio de una notificación.

Por cierto… que si esto le pasa a menudo a tu compañero, lo mejor que puede hacer es intentar cambiar algo. Un mal día lo puede tener cualquiera, pero si tienes una semana o varias con esta actitud… es una señal…

¿Y vosotros? ¿Conocéis a alguien que se pierda solito y sin notificaciones por el mundo electrónico abandonando su obligaciones?

Nos leemos.

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