domingo, 3 de enero de 2021

Comiendo sapos no llega el flow (y es un artículo de productividad)

Extrañas estas vacaciones navideñas, imagino que como para todos los lectores. Que necesitaba un descanso no lo pongo en duda; que según llegaban las fiestas me daba cuenta de que sería un "descanso activo" o unas "trabacaciones", tampoco. 

El descanso era necesario. Ha sido un año duro por cantidad de trabajo (en mi caso, por suerte, mucho) como por las condiciones en que se ha desarrollado, en un año hemos pasado del modelo 100% presencial a un modelo de pandemia (que no de telebtrabajo) de 100% remoto con todos metidos en casa y hemos acabado en un modelo mixto entre presencial y teletrabajo, sin hijos en casa pero donde a veces coincido con mi mujer  trabajando en casa y a veces no. Y dicho esto, me considero un ser muy afortunado porque sigo teniendo trabajo y mantengo unas buenas condiciones

Pero claro, otros años o recibía familia en casa o realizábamos una "monster tour" por Sevilla - Madrid - Salamanca - Pamplona que este año, pandemia de por medio y restricciones político-médicas mediante no iba a tener lugar. Y uno se pone a pensar y tanto día uno ya se imaginaba que lo acabaría rellenando con temas laborales y aficiones de por medio. Estaba claro que revisar el correo, actualizar algunos temas, revisar todos los puntos pendientes, echar un ojo a la lista "a la espera"... todo eso iba a pasar.

En mi caso, hay un documento que tenía atragantado y que tenía que sacar adelante porque se estaba haciendo bola ya con él (bueno, dejémoslo en presente, que sigue sin desatascarse del todo). Y prometo que ha sido lo primero que he tocado cada mañana hasta que un estúpido catarro (que claro, ahora estornudas dos veces y lo primero que haces es asustarte) me ha detenido por completo en los dos objetivos navideños (porque trabajar con ese moqueo continuo es imposible, pero descansar tampoco es factible). Yo también me leí la teoría de que los sapos mejor a primera hora (será porque saben tan mal como el medicamento de la tos) y actué tal y como decía un jefe mío: "el chancho se come de a pocos". Y es cierto que he conseguido avanzar y que cuando lleguemos de vuelta de las vacaciones posiblemente esté finiquitado, pero me he dado cuenta de una cosa... "comiendo sapos no llega el flow".

Del "flow", el concepto de Mihály Csíkszentmihályi (copiado y pegado de la web porque escribirlo sin faltas cuesta un rato) ya hemos hablado en este blog alguna vez y además por estás fechas. Resumiéndolo, podríamos decir que uno es más feliz cuando está en un estado de "fluir", ya que consigue un estado de concentración absoluta en la actividad que está realizando. Es sin duda un estado óptimo de motivación, te zambulles tanto en lo que estás haciendo y además lo gozas de tal manera que incluso las sensaciones temporales se ignoran. Es decir, no sabes ni las horas que le has dedicado y cuando te das cuenta se te ha pasado hasta la hora de comer. Seguro que alguna vez lo habéis sentido, bien sea en el trabajo, leyendo esa novela que tanto os emocionó o en alguna de vuestras aficiones. Parafraseando a Uma Thurman en Pulp Fiction "es la hostia" (con perdón, y pido aún más perdon si recordáis la escena en que lo dice, quizás no sea el mejor ejemplo).

Pues eso es de lo que me he dado cuenta, de que mientras estás tragándote el sapo, el flow está por algún otro lado, ayudando a otras personas, dormitando allí donde descanse el flow... Con este documento en la pantalla del ordenador he mirado el reloj n-mil veces, me ha levantado a comer, he ojeado las redes sociales... Si hasta he sentido más ganas de limpiar los baños que de seguir con lo que estaba... Sólo puedo pensar que un día lo acabaré, y entonces volveré a tener la posibilidad de enfrentarme a algo donde ese "fluir" pueda volver a mí.

Lo más curioso es que está reflexión llegó a mi viendo la película de estas navidades, "Soul", (sí, sí, la de dibujos animados) cuando habla de la chispa, la motivación, el sentido de la vida... Si podéis verla, cierto que está en una plataforma de pago, os la recomiendo. Y si tenéis niños también, Pablo tiene 11 años y creo que fue capaz de sacarle más sentido que yo a muchas de sus grandes ideas. De hecho, yo creo que en breve la volveremos a ver.

Bueno, os dejo. Se me han pasado casi dos horas escribiendo estas pocas líneas, pero ni me he dado cuenta... sin duda mi flow sigue estando aquí a mi lado aprovechando mientras el sapo está en la nevera. Mañana tocará darle otro mordisco al bicho...

Foto: "Rana de Vacaciones" de Eduardo Francisco Vazque Murillo desde Flickr.

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